La pregunta incómoda como motor de la historia

Por Jorge Sagrera
¿Y tú qué entrenas? ¿El músculo o la mirada? Ariel Torres intenta hacer las dos cosas. Entre rutinas de gimnasio, lecturas de historia antigua y reflexiones sobre el origen del ser humano, ha erigido una forma de decir que no pretende convencer, sino clavar una cuña de duda en la certeza. En tiempos donde opinar aparece como más importante que pensar, el autor de Apócrifo reivindica una práctica cada vez más extraña: la curiosidad.

¿Qué significa este concepto que mencionas: “ser un explorador del conocimiento humano”?

Para mí, ser un explorador del conocimiento humano significa no perder la capacidad de hacerse preguntas. Siempre fui una persona curiosa. Si me decían que algo era de determinada manera, necesitaba entender por qué. No porque me gustara llevar la contra, sino porque siempre sentí la necesidad de buscar un poco más allá.

Mi trabajo como entrenador también influyó mucho en esa forma de ver la vida. Con el tiempo entendí que cuando una persona llega al gimnasio no trae solamente un cuerpo. Trae una historia, miedos, sueños, frustraciones y una manera única de ver el mundo. Ahí comprendí que una verdadera transformación no pasa solamente por ganar músculo o bajar de peso. También pasa por entender quién es esa persona y qué la llevó hasta ese lugar.

Esa experiencia despertó en mí el deseo de comprender al ser humano desde una mirada más amplia. Empecé a interesarme cada vez más por la historia, la filosofía, la espiritualidad y los grandes interrogantes de nuestra existencia. Fue ese camino el que, con los años, terminó dando origen a Apócrifo.

Hoy sigo pensando igual. Cuanto más investigo, más me doy cuenta de todo lo que todavía nos queda por comprender. Para mí, ser un explorador del conocimiento humano es justamente eso: nunca dejar de hacerse preguntas.

 ¿Cuándo y/o dónde surge este estar profundamente interesado en la historia antigua?

La verdad es que no hubo un momento puntual. Fue algo que fue creciendo conmigo. Desde chico me gustaba mucho la historia, pero siempre sentía que había preguntas que quedaban abiertas. Leía un libro y terminaba con más dudas que respuestas, y eso, en lugar de desanimarme, me despertaba todavía más interés.

Con el tiempo empecé a buscar otras fuentes, otras interpretaciones y otros autores. Siempre pensé que la historia es como un gran rompecabezas. Cada libro que leía era una pieza más. Algunas encajaban, otras me obligaban a mirar las cosas desde otro lugar, pero nunca dejé de buscarlas. No lo hacía para demostrar que una versión estaba bien y otra mal, sino porque quería entender por qué existían miradas tan diferentes sobre un mismo hecho.

Creo que esa búsqueda me acompañó durante muchos años. Apócrifo no nació de una inspiración de un día para el otro. Nació después de muchas lecturas, muchas preguntas y muchas horas de reflexión. En realidad, el libro es el resultado de un camino que todavía hoy sigo recorriendo.

Cuando en tu currículum se lee: «Su camino en el entrenamiento, la nutrición y la suplementación no se limita al plano físico, sino que se extiende hacia una búsqueda más profunda: comprender el verdadero origen del ser humano y su potencial oculto», ¿a qué te refieres con «potencial oculto»?

Cuando hablo de ‘potencial oculto’ no me refiero a algo sobrenatural ni a poderes extraordinarios. Hablo de una capacidad que todos tenemos para crecer, aprender y transformarnos, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello.

Con los años entendí que el mayor límite del ser humano casi nunca es físico. Muchas veces somos nosotros mismos quienes nos convencemos de que no podemos cambiar o que ya llegamos hasta donde podíamos llegar. Sin embargo, vi una y otra vez personas que terminaron superando esos límites cuando cambiaron su manera de pensar y de enfrentarse a la vida.

Esa experiencia me llevó a hacerme una pregunta que fue mucho más allá del entrenamiento: si el ser humano es capaz de transformarse tanto física como mentalmente, ¿cuánto de nosotros mismos conocemos realmente? Esa pregunta me acompañó durante años y despertó en mí el interés por investigar nuestros orígenes, la historia y la espiritualidad.

Por eso hablo de potencial oculto. Porque creo que todos tenemos mucho más para descubrir de nosotros mismos de lo que imaginamos. Y, en cierta forma, Apócrifo nace de esa misma inquietud: la necesidad de seguir haciéndonos preguntas y de animarnos a explorar aquello que todavía no comprendemos del todo.

Apócrifo aparece, entre otras derivas, como un libro que cuestiona algunas verdades establecidas. ¿Qué tipo de repercusiones has tenido?

La verdad es que las repercusiones fueron muy positivas. Como era de esperar, hubo personas que se sintieron muy identificadas con el libro y otras que no compartieron algunas de las ideas que planteo. Y me parece completamente válido. Nunca esperé que todos pensaran igual.

Lo que más me alegró fue ver que, incluso entre quienes tenían una mirada diferente, muchos valoraron el hecho de que el libro invita a hacerse preguntas. Creo que ese es el verdadero propósito de Apócrifo. No busca imponer una verdad ni decirle al lector qué tiene que creer. Busca abrir un espacio para la reflexión, para la investigación y para el diálogo.

Creo que los libros también sirven para eso: para generar una charla, un intercambio de ideas. Si una persona termina Apócrifo con más preguntas que respuestas y siente ganas de seguir investigando, para mí ya valió la pena escribirlo.

Siempre digo que no escribí este libro para convencer a nadie. Lo escribí porque había preguntas que necesitaba explorar y compartir. Si esas preguntas también despiertan la curiosidad de otros, entonces siento que el libro cumplió su propósito.

¿Cómo ves la marcha del mundo hoy?

Creo que estamos viviendo una época muy particular. La ciencia y la tecnología avanzan a un ritmo impresionante, y eso nos permitió lograr cosas que hace algunas décadas parecían imposibles. Sin embargo, no siempre siento que el ser humano haya avanzado al mismo ritmo. En algunos aspectos, creo que incluso estamos involucionando.

Vivimos cada vez más rápido. Todo tiene que ser inmediato: una respuesta, un video de pocos segundos, una opinión formada en un instante. Tenemos acceso a muchísima información, pero cada vez menos tiempo para detenernos a pensar. También noto más individualismo y menos disposición para escuchar al otro. Muchas veces parece que, si alguien piensa diferente, en lugar de intentar comprenderlo, simplemente se lo descarta.

Aun así, no soy pesimista. Creo que todavía hay muchas personas que buscan aprender, crecer y construir una sociedad mejor. Mientras exista gente con ganas de hacerse preguntas, de dialogar y de seguir evolucionando como seres humanos, siempre va a haber motivos para tener esperanza. Al final, el verdadero progreso no depende solamente de la tecnología. Depende, sobre todo, de la evolución de nuestra conciencia.

Si te dijera la palabra “Silencio”, ¿qué me dirías?

Lo primero que se me viene a la cabeza es paz. Creo que vivimos rodeados de ruido: el celular, las redes sociales, las obligaciones y las opiniones de todo el mundo. A veces hay tanto ruido afuera que terminamos dejando de escuchar nuestra propia voz.

Para mí, el silencio no es un vacío. Es un espacio donde uno puede pensar con claridad, ordenar las ideas y volver a encontrarse consigo mismo. Muchas de las preguntas que después terminaron formando parte de Apócrifo nacieron justamente en esos momentos de silencio.

Creo que todos deberíamos regalarnos, aunque sea de vez en cuando, un momento para apagar el mundo y escucharnos un poco más. Muchas veces las respuestas que buscamos afuera empiezan a aparecer cuando aprendemos a hacer silencio por dentro.

Porque, al final, creo que las preguntas más importantes de la vida casi siempre nacen en silencio.

 

Si tuvieras que dejarle una palabra al hombre de hoy, ¿cuál sería?

Si tuviera que dejar una sola palabra, sería ‘curiosidad’. Creo que muchas veces dejamos de hacernos preguntas y nos acostumbramos a aceptar las cosas tal como nos llegan. Sin embargo, es la curiosidad la que nos impulsa a aprender, a crecer y a descubrir nuevas formas de entender el mundo.

Para mí, ser curioso no significa desconfiar de todo, sino tener la humildad de reconocer que siempre hay algo más por aprender. Fue justamente la curiosidad la que me llevó a investigar, a leer durante años y, finalmente, a escribir Apócrifo.

Creo que el mundo necesita más personas con ganas de aprender que personas convencidas de que ya tienen todas las respuestas. Si nunca perdemos la curiosidad, nunca dejamos de crecer.


¿A qué jugabas cuando eras chico?

Como muchos chicos de mi generación, jugaba mucho a la pelota. Pero si hay algo que realmente marcó mi infancia y mi adolescencia fue el animé japonés.

A través de esas historias aprendí la importancia de la voluntad, la disciplina, el esfuerzo y de no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Esos personajes siempre se levantaban después de cada caída y seguían luchando por aquello en lo que creían. Sin darme cuenta, esos valores fueron formando mi manera de ver la vida.

A los 16 años conocí el entrenamiento con pesas y encontré un lugar donde podía llevar esos mismos principios a la práctica. El entrenamiento reforzó esos valores y terminó convirtiéndose en una forma de vida para mí.

Hasta el día de hoy sigo disfrutando del animé japonés y hoy tengo la alegría de compartir esa pasión con mi hijo. Ver que esas historias también le transmiten valores como 3la perseverancia, el respeto y la fortaleza para enfrentar la vida es algo que disfruto muchísimo.

Mirando hacia atrás, entiendo que para mí el animé nunca fue solo un dibujo animado. Fue una verdadera filosofía de vida.

¿Cuál es tu comida favorita?

Sin dudas, la pizza. Aunque, como entrenador, trato de que quede como un permitido de vez en cuando.

Siempre digo que la alimentación saludable es fundamental, pero también creo que disfrutar una comida que a uno le gusta forma parte del equilibrio. No se trata de vivir contando calorías todo el tiempo, sino de aprender a alimentarse bien sin dejar de disfrutar esos pequeños gustos de vez en cuando. Y en mi caso, ese gusto siempre va a ser una buena pizza.

Eso sí… al día siguiente no hay excusas: vuelve la rutina.


¿Podrías recomendarnos una canción, un libro y una película?

La verdad es que no tengo una canción favorita. Si tuviera que elegir algo, elegiría una melodía: Sad Brothers, de Saint Seiya (Los Caballeros del Zodíaco). Es una música que siempre me transmitió una mezcla de nostalgia, esperanza y fortaleza. Cada vez que la escucho me recuerda los valores que esa serie me dejó desde chico y que todavía hoy forman parte de mi manera de ver la vida.

Como libro, recomendaría El arte de la guerra, de Sun Tzu. Creo que, más allá de la estrategia, deja enseñanzas muy valiosas sobre la disciplina, la paciencia, el autocontrol y la importancia de pensar antes de actuar. Son principios que pueden aplicarse no solo en los grandes desafíos, sino también en la vida cotidiana.

Y como película, elegiría Gladiador. Siempre me impactó su mensaje sobre el honor, la perseverancia y la fidelidad a los propios principios. Son valores con los que me siento profundamente identificado y que intento aplicar cada día en mi vida.


¿Qué podrías decirme acerca de esta frase de Van Gogh?: “Se puede tener, en lo más profundo del alma, un corazón cálido y, sin embargo, puede ser que nadie acuda a él”.

Creo que Van Gogh entendió algo muy profundo del ser humano. No siempre las personas más valiosas son las más vistas. Vivimos en un mundo que muchas veces se deja llevar por las apariencias y lo superficial, mientras que el verdadero valor suele pasar desapercibido.

Sin embargo, creo que ahí es donde una persona demuestra quién es realmente. Es fácil mantenerse fiel a los propios valores cuando todo va bien. Lo difícil es hacerlo cuando nadie los ve, cuando nadie los reconoce o cuando el mundo parece ir en otra dirección.

Para mí, la verdadera fortaleza no consiste en recibir el reconocimiento de los demás, sino en no traicionar nunca los propios principios. Porque abandonar nuestros valores sería la verdadera derrota.

Ariel Torres,
Buenos Aires,1985

Ariel Nicolás Torres, entrenador personal y explorador del conocimiento humano, profundamente interesado en la historia antigua y en las corrientes que desafían las versiones oficiales de la realidad.

Nacido en San Pedro, provincia de Buenos Aires, Argentina, 41 años. Su camino en el entrenamiento, la nutrición y la suplementación no se limita al plano físico, sino que se extiende hacia una búsqueda más profunda: comprender el verdadero origen del ser humano y su potencial oculto. En este mismo sentido, desarrolla también su propio espacio vinculado a la suplementación deportiva, consolidando su enfoque tanto en la práctica como en la experiencia directa.

Entre lo cotidiano y lo invisible, ha construido una visión propia que intenta reconciliar ambas dimensiones. Sus escritos nacen de esa necesidad de revelar, cuestionar y recordar lo que ha sido olvidado.

Autor

  • Jorge Luis Sagrera nació en San Pedro, Buenos Aires, Argentina. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario.

    Escribe cuentos, novelas, poesías, guiones de cine, ensayos y géneros periodísticos. Es coaching literario y dicta talleres de escritura creativa desde hace treinta años. Es director del sello Arenz & Antich, Editores, y cofundador de Despunte, una revista digital de Arte y Literatura contemporánea.

     

    Su novela El talón de Esaú, obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, su libro de cuentos, El ojo del ciclón, consiguió una mención en el mismo organismo.

    Malvinas 1982-1998, cuyo guion documental escribió, alcanzó el Primer Puesto en la categoría 3 de los Premios ATVC (Asociación Argentina de televisión por cable).

    Su libro de poemas Poemas para Loli Dostoievski, ganó el Primer Premio en el IV Certamen Nacional e Internacional Ediciones El Escriba.

    La novela Un saltamontes en Katmandú ha sido traducida al inglés (Grasshopping around Kathmandu) y, del mismo género, Regreso a la ca(u)sa del padre, al catalán (Tornada a la ca(u)sa del pare).

    Lleva 24 libros publicados.

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