"El dilema es el mientras tanto": Jorge Sagrera, entre la espera, la belleza y el infinito

Por Gustavo López
En diálogo con Despunte, Jorge Sagrera, uno de los fundadores de la revista, presenta Obra: una antología personal que reúne tres poemarios y una novela brevísima, atravesados por la memoria, la conciencia, la espiritualidad y la búsqueda de trascendencia. En esta conversación, el escritor reflexiona sobre el acto de publicar, la poesía como una forma de detener el ruido y mirar hacia adentro, la esperanza como manera de habitar el presente y la escritura como huella, transformación y diálogo permanente con la vida. Un recorrido por las preguntas, las esperas y las intuiciones que dan forma a una obra construida con belleza y profundidad.
G.L: Jorge, titular un libro simplemente Obra es un gesto de una contundencia casi arquitectónica. ¿Qué se siente al ver reunido, en un solo volumen, ese rastro de tu propia conciencia, desde la lírica hasta la ficción brevísima?

J.S: Gustavo, gracias por esta entrevista. Gracias por darme la posibilidad de detenerme a reflexionar, desde otro punto de vista, ante mis escritos, en este caso, frente a Obra.

Este título fue una epifanía, como si me lo hubiesen dictado. Obra, al menos para mí, estimula dos acepciones: 1) La de algo hecho, ejecutado, construido. 2) La que invita a moverse, a ‘obrar’. Tal vez, un imperativo. “Piedra que rueda no cría musgo”.

Con respecto a qué siento al ver reunidos estos libros en uno solo… Aunque son textos de escritura reciente atendí el llamado de publicarlos ahora. Siento que, como humanidad, estamos en una época crepuscular (¿Qué es crepúsculo? Es la luz tenue del cielo que ocurre antes de que salga el sol en el amanecer o después de que se pone en el atardecer). Es un momento de conversación entre el cielo y la tierra en la que no se puede ver (o escuchar), muy bien. Desde mi concepción de mundo, sea luz o sombra, lo que le sobrevenga al crepúsculo, será la necesaria experiencia. Y, para lo que sea que acontezca, deseo mirarlo todo con la frente despejada y ligero el equipaje.

Publicar Obra significa eso, entrar de lleno en este crepúsculo de la humanidad con la mochila liviana y dispuesta.

G.L: Celina Caire menciona en el prólogo que estos textos buscan conectar con una “nueva conciencia de la humanidad”. En un mundo que a menudo prefiere el ruido, ¿crees que la poesía todavía tiene la potencia necesaria para detener el tiempo y obligarnos a mirar hacia adentro?

J.S: ¡Sí, lo creo! Es una oportunidad.

¿Qué es la poesía, se preguntó Milosz en una ocasión, si no puede salvar a una Nación o una persona?

La poesía tiene esa potencia y esa posibilidad, pero la puerta se abre desde el lado de adentro, claro. Afortunadamente —y eso, a mi entender es lo que hace valiosas algunas cosas—, para mirar hacia adentro tenemos que tomar la llave, introducirla en la cerradura y girar los pasadores. Y de ahí viene el dicho: Lo que cuesta vale. O, vale porque cuesta.

Déjame que te lea un poema de Eugenio Montale, de su Ossi di seppia, de 1925:

Mira, en estos silencios en los cuales las cosas

se abandonan y parecen dispuestas

a traicionar su último secreto,

a veces se espera

descubrir un error de la Naturaleza,

el punto muerto del mundo, el anillo que no aguanta,

el hilo desenredado que finalmente nos coloque

en medio de una verdad.

 

¡Oh, Dios mío!, dije cuando leí por primera vez esta sentencia: “el punto muerto del mundo”, fue un arpón que me remitió directo a la idea de silencio y contemplación.

Son inmensos e innumerables los autores que nos hablan de estas cosas:

Felicidad y contemplación (1957), por ejemplo, es un libro de filosofía escrito por Josef Pieper. La obra sostiene que la máxima felicidad del ser humano no se logra sólo con el trabajo o la acción, sino a través de la contemplación y el amor por la verdad. (¡Maravilloso!).

Podríamos citar, también, al Maestro Eckhart (c. 1260–1328) y la propuesta que nos hace, ya desde aquellos años, a través de su libro El fruto de la nada.

La poesía en todas sus formas es una de las tantas propuestas que se nos ofrecen para bajarle el volumen al ruido.

En Conversaciones con el Ángel aparecen estos versos:

No tironees en la oscuridad,

dijo el Ángel,

quédate quieto

hasta que entre

un poco de luz.

Quédate quieto y sabrás que soy Dios, dice el Salmo 46:10.

En una entrevista que desde nuestra Revista Despunte le hicimos a María Celina Caire, nos expresó: “Como ayer —pero hoy con 71 años y mayor plenitud y Consciencia— sigo consagrada al Amor y a la Vida, así que me centro en el cultivo de mi espiritualidad y mis quehaceres me son presentados sin buscarlos demasiado”

Sabemos interpretar las corrientes de aire en el cielo, o las corrientes del agua en el mar, pero nos hemos olvidado de interpretar las corrientes del amor en la vida.

G.L: Tu propuesta combina tres poemarios con una novela brevísima. ¿Cómo fue ese proceso de “edición de vida”? ¿Qué dejaste fuera de este libro?

J.S: ¡Qué atinada me resulta “edición de vida”! ¿Sabes?, la editorial que he fundado lleva los nombres de mis ancestros, por las dos ramas: Arenz y Antich, le he agregado la palabra Editores, de manera que el sello tenga este nombre: “Arenz & Antich, Editores”. La palabra Editores tiene, en mi interior, la intención de ser editores de la realidad, de la vida. Editores de todo aquello que en nuestro árbol necesita ser curado; reescribir, por decirlo de algún modo, trascender y sanar.

 He dejado atrás el pie que me impulsó hacia adelante, y que en breve volverá a ser parte del avance.

 He dejado afuera lo que viene, lo que aún es informe: contenido y continente. Con el viento en la popa, sólo tengo que tener listos los velámenes.

 Estoy tranquilo, como dije, no sé qué forma ni qué fondo tendrán los próximos escritos: todo lo vivo con serenidad, paz y esperanza.

 

G.L: Eres conocido por una visión optimista de la evolución humana, algo que a veces parece ir a contracorriente de la literatura contemporánea. ¿Es el optimismo, en tu caso, una forma de resistencia política?

J.S: No lo experimento como resistencia, fluye como el curso del agua. Ser optimista está en mi esencia.

Dicen que algunas aves buscan la altura para servirse de las corrientes de aire caliente, avanzan y se mantienen en vuelo sin gastar energía aleteando.

Voy entrando

en puntas de pie

sobre la alfombra

de final de otoño.

Ese pájaro

está quieto en el cielo,

allá arriba,

a unos cuatrocientos metros,

tal vez

(es difícil calcular la distancia que me separa de lo Alto).

Se mantiene en el lugar

bosteza y despereza sus alas.

Lo sostienen las corrientes de aire.

Confía en las corrientes

de la Vida.

Lo que alimenta mi optimismo, entre otras experiencias, es el entusiasmo y la confianza en algunas citas evangélicas que me llegaron en los principios de mi juventud. Mateo 7:7, por ejemplo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

 

Descanso en estas promesas. Y me siento afortunado por eso. Por tener fe.

 En La memoria del cristal menciono la experiencia de la espera. El agua no sabe exactamente cuándo llegará la primavera, pero sigue siendo agua. El gorrión mira el árbol desnudo y, aun así, ensaya su vuelo.

Soy optimista, confío en la promesa, en la visión de aquellos que me precedieron: profetas, músicos, poetas, líderes políticos y espirituales…

 

G.L: La metafísica y la búsqueda existencial atraviesan tus páginas. Si tuvieras que definir el “ser” que habita en Obra, ¿dirías que es un ser que busca respuestas o uno que ha aprendido a habitar sus propias preguntas?

J.S: Tengo sed de lo infinito. De trascendencia. Claro, desde niño no lo sabía. Y entonces, ya, muchas preguntas me habitaban. Las preguntas, la sed; las respuestas, el agua.

Escribí una vez:

 

El conocimiento es como el agua salada, cuanto más se bebe, más sed produce.

 

Esa sed fue el motor que me impulsó hacia adelante. Las lecturas, las tantas experiencias de vida, el desarrollo de mi escritura, me fueron mitigando las preguntas.

 

Dice Carlos Castaneda en Las enseñanzas de don Juan.

 

El resultado final que los chamanes como don Juan Matus buscaban para sus discípulos era darse cuenta de algo que por su sencillez es tan difícil de lograr: que somos, de hecho, seres que vamos a morir. Por lo tanto, la verdadera lucha del hombre no está en la lucha con su prójimo, sino con el infinito, y esto ni siquiera es una lucha; es, en esencia, un asentimiento.

Voluntariamente tenemos que asentir con el infinito. En la descripción de los videntes, nuestras vidas se originan en el infinito y terminan donde tuvieron su origen: en el infinito.

 

Hoy, me encuentro en un momento en el que el viento de la experiencia, como si fuese una piedra pómez, ha ido limando mis aristas, mis filos, mis temores.

Hoy, mis días tienden a ser suaves. Si una pregunta surge, ensayo ofrecerle aceptación y espera. Una de las tantas cuestiones que he venido a trabajar en este plano, es la aceptación de la espera mientras espero. La aceptación del “mientras tanto”.

 

Escribí hace mucho tiempo:

 

Dice Isaías en el capítulo 11, versículos 6 y 7: “El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá pasto lo mismo que el buey”.

 

Y mi antítesis de aquel entonces:

 

Pero hoy, Isaías, el lobo se come al cordero, y el cabrito mira de reojo al leopardo. La vaca y la osa se matan por encumbrarse, y el buey sabe que su destino es ser alimento del león.

 

Y finalizaba:

 

El dilema es el “mientras tanto”, Isaías. El diagnóstico está. A lo que se quiere llegar como humanidad está más que pensado y hablado… pero, ¿qué hacemos mientras se roba, se miente, se mata, se humilla, se desahucia?

 

El dilema es el “mientras tanto”, Isaías…

 

 

Actualmente no tengo esa mirada, aunque estos hechos estén ahí y se obstinan en permanecer, les ofrezco aceptación y contemplación activa.

Luis Alberto Spinetta, en el libro Crónicas e iluminaciones, dice: “Para Artaud la respuesta del hombre es la locura, para Lennon es el amor”.

Esa respuesta, a mi entender, no viene desde afuera.

 

El Ángel (en Conversaciones con el Ángel) lo dice así:

 

Eres

tu propio Maestro.

En el fondo

lo sabes muy bien.

Escuchas todo

lo que tengan para decirte,

luego,

en el santuario,

tu corazón,

se te hace diáfano

si hay que volar bajo,

o alto.

Hoy,

tal vez,

te encuentres pleno

vibrando con

♫Vuela bajo, porque abajo está la verdad♫

Mañana,

acaso,

releas a “Juan Salvador Gaviota”

y sientas

que

con tu índice

tengas que sacarle lustre

al punto más alto

del cielo.

 

G.L: Como fundador de Despunte, sabes que nuestra plataforma es un punto de fuga. ¿En qué medida Obra funciona, para ti, como ese meridiano errante donde la belleza despunta y se vuelve, por fin, tangible?

J.S: “Hemos desterrado la belleza. Los griegos en cambio tomaron las armas por ella”, escribe Albert Camus en El destierro de Helena.

La belleza tiene múltiples formas. Uno de mis aportes proviene de la palabra.

Obra es una huella. Una constatación de mi conversación con la creación toda, incluido yo mismo.

De joven quise cambiar el mundo y el mundo, amorosamente, me ha dicho: “Cámbiate tú”.

 Mis escritos, desde los inicios hasta la actualidad, son la cartografía de mi vida.

 

G.L: Para cerrar esta conversación, queremos que el libro hable por sí mismo. ¿Te animarías a compartir con nuestros lectores uno de los fragmentos de Obra?

J.S: Sí.

Dejo aquí un fragmento de uno de los poemarios que componen Obra. La memoria del cristal se titula; la protagonista es una cascada de agua.

 

El caudal está intenso,
pierdo de vista
el horizonte conocido.

Hay que confiar:
es una experiencia.

Es una experiencia
la espera.

Si el horizonte,
aunque lejos,
es visible,
la espera tiene
otro color,
tiene otro dolor.

Hoy,
el horizonte
es un paisaje desconocido…

Me he recibido,
soy “Maestra de la Espera”.

He aprendido a confiar,
confío como el centinela
en la llegada
de la aurora.

Autor

  • Poeta y escritor uruguayo, residente en Chile; ha publicado los
    poemarios Palabras en juego;(E.E.U.U 2022); ecos de pensamientos;
    (Argentina 2023); Intersecciones; (Chile 2024), sus poemas han sido
    publicados en varias antologías poéticas internacionales.
    Colaboró como redactor y editor en revista de poesía digital AVPLA
    (México, 2023).
    En el 2024 comienza a escribir cuentos y novela corta.
    En el 2025 algunos de sus cuentos aparecen en antologías en Argentina
    y Cuba.
    Actualmente dedicado a la narrativa.

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