Habana Madrid y su lenguaje escénico desde la visión de Rodolfo Pérez Valero
Por RAINER CASTELLÁ
En cierta ocasión leí que Borges opinaba sobre la novelística; que le resultaba un género muy denso y aburrido, que en no pocas ocasiones leía novelas a su parecer exitosas y no obstante consideraba que le sobraban páginas. Una de ellas, la mítica, Cien años de Soledad de García Márquez. No da lugar ni oportuno discernimiento recabar en los criterios estéticos del siempre eterno candidato al Premio Nobel, ni mucho cuestionar su visión crítica y erudición incuestionable.
En la Viña del Señor hay para todos los gustos si de arte se trata. Aunque debemos tener claro que a la hora de dictar juicio sobre un producto artístico, hay determinadas normas técnicas que son incuestionables a la hora de valorarla, ajustándonos a un criterio lo más veraz y objetivo posible. El gusto, en las obras de Arte para todo crítico que se respete, no debe tenerse en cuenta, porque ahí entran a jugar factores humanos, tales como los sentimientos, afinidad al tema por razones personales o incluso detalles estéticos que se adecuan a nuestra concepción psicológica de abrazar el idilio de la belleza desde una perspectiva, naturalmente personal, que no guarda ninguna relación con el veraz análisis crítico sobre la obra, pero en el que es muy común, entendidos del tema, vemos, muy a menudo caer sepultados en ese jardín unipersonal donde afloran los románticos cipreses que el crítico de arte adosa a la tierra en lugar de fértiles semillas.
En este punto quiero detenerme, provisto de un holgado pragmatismo para hacer énfasis, en la novela Habana Madrid, del escritor cubano Rodolfo Pérez Valero, autor emblemático de quizás la generación más virtuosa de la literatura cubana, que comenzó a finales de los setenta y tuvo su gran apogeo en la década del ochenta. Valero, tal como se conoció en Cuba, donde alcanzó una inmensa popularidad con sus novelas detectivescas No es Tiempo de Ceremonias y posterior, con la no menos popular, en su ejemplo fidedigno al género de aventuras: Los misterios de la cueva del Pirata, autor de altos valores literarios, tras residir fuera del país, con una saga policial, nos deleita, por así decirlo, con esta novela merecedora del Primer Premio Internacional de Novela Voces del Chamamé en Asturias. España. Una novela en la que se vuelca al realismo literario, abandonando su afición por las novelas de género, y nos construye un mundo emblemático y ensoñador, desde la pródiga nostalgia del protagonista que toma prestada la voz del autor, para representarnos el contexto cubano a inicios de los noventa extendidos a los predios madrileños, con una adecuada semántica, que infiere en la economía de recursos, sin dejar de ser literario para que el discurso temático, en este caso se desarrolle de forme amena, en base al manejo de una estructura, diría que perfecta.
Los grandes autores de ficción literaria, aquellos que verdaderamente dominan el complejo oficio de escribir novelas, jamás prescinden de esta normativa estética, valiéndose de herramientas técnicas; que si bien viajan desde el multiperpectivismo hasta el monologo interior, el novelista se auxilia de un agradable ritmo prosístico para conferirle a la novela el dinamismo certero bajo su previo diseño estructural, que puede manejarse por capítulos más o menos breves, pero de lo que sí jamás puede prescindir es de la colocación certera de las imágenes a través de un muy depurado lenguaje escénico, como ocurre en Habana Madrid, ¿lenguaje escénico?
Me refiero a la capacidad oficiosa al mejor estilo unamuniano, de escenificar la trama a golpe de representación, dosificando el lenguaje descriptivo y añadiendo la información que en la literatura no resulta prescindible, como sí puede suceder en la dramaturgia o el guión cinematográfico.
En Valero la economía de recursos no se limita, como bien dije anteriormente, a inducir un estilo de alto vuelo literario que desde la perspectiva del funcionario nos pinta una Habana pre y posrevolucionaria.
« Le conté lo que había visto y lo que había escuchado de mis mayores, le hablé de cómo demolieron el Palacio de los Deportes para edificar el Havana Riviera, el hotel donde Meyer Lansky aparecía en la nómina como cocinero, Lansky, el economista de Lucky Luciano, ¿tampoco sabes quién era Luciano, el mafioso?, y ahí antes de la heladería Copellia estaba el Club Nocturnal y antes el hospital Nuestra Señora de las Mercedes, y el Yara se llamó Teatro Warner y después Radiocentro, ahí exhibieron el Cinerama, el ¿Cinerama?, tres pantallas unidas que te rodeaban… la emisora CMQ de Goar Mestre, Go ̶ ar, el padre de la televisión latinoamericana, y enfrente cavaron un hueco hasta el infierno y los camiones bajaban a recoger piedras, le remetieron cemento y alzaron el Havana Hilton…»
Este personaje, con sus contradicciones y vestigios de inteligencia personal y todo conjugado en primera persona, evoca cierta similitud al protagónico de Memorias del subdesarrollo, con la cualidad del romanticismo a cuestas y con el fervor, quizás no intencional, de perfumar sus cenizas personales desde la pasión primaveral de Sara; Valero adosa a una reflexión y más que reflexión en su concepto general; sugerencia reflexiva, del funcionario y ante todo el ente social a su circunstancia inmediata desde una historia de amor que pincela de encantadores bríos esta novela de realismo literario, mostrándonos que la novela de género nunca abandona su instinto creativo, pero que también es capaz de salirse de su reducido marco.
En este detalle radica la maestría de la novela, que considero una de las más audaces referidas al contexto del Período Especial y que si bien se define dentro de un lapso exclusivo de tiempo, posee una fértil muestra de empeño literario por construir una novela cuidadosamente desde los cimientos como quien construye un edificio donde no sobra ni falta un ladrillo. Todo justamente calculado si de matemáticas y ciencias se infiere al arte, provisto de una libertad experimental que no obstante, ni Borges o el propio García Márquez, o ni siquiera el propio Rodolfo Pérez Valero, derogaría ciertas normas creativas donde la estructura y argumento son raíz y tronco del gajo lingüístico.
Habana ̶ Madrid constituye para las nuevas generaciones de lectores el ejemplo más fidedigno de cómo se funde la novela tesis de realismo social, en un contexto manido por innumerables autores cubanos a una bella y apasionante historia de amor, toda ella erigida desde la visión del genio creativo y su sagaz dominio del lenguaje escénico. Guardo completamente la certeza que de Borges haberla leído hubiese coincidido en que no le falta ni una palabra, ni una imagen, ni un sentimiento o análisis. Escrita justo a la medida, como solo los grandes escritores suelen hacerlo.
Rodolfo Pérez Valero.
La Habana, 1947
Autor
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Rainer Castellá Martínez, Santa Clara, Cuba, 1982. Narrador, poeta y crítico. Director editorial de Ediciones Niagara. Proyecto editorial Cuba- Chile con sede en Santiago de Chile. Ha publicado más de doce libros en diversos formatos, entre ellos El Último burgués (novela negra) y Trazos Oscuros (thriller psicológico), que mereció el premio Promonet de novela en Ciudad Panamá y fue traducida al inglés, catalogada como una novela filosófica y de formación, fue incluida en el fondo de los libros hispanos en la Biblioteca de la Universidad de Atlanta; actualmente cuenta con su segunda edición por Ediciones Niagara. También con el sello panameño de Ediciones Promonet publicó la novela histórica / fantástica: Blanche y la maldición del mariscal Gilles y la edición digital de El Último Burgués, ambas en el 2021.
