Mi aldea se llamaba Charles Manson

Por Gustavo López
Cómo una frase hermosa me llevó a la noche más oscura del alma

«Pinta tu aldea y serás universal».

La primera vez que leí esa frase de Tolstói, sentí algo parecido a la paz. Me imaginé a un viejo sabio con barba blanca, sentado bajo un manzano, escribiendo sobre campesinos y tormentas de nieve. Pensé en la autenticidad, en el arraigo, en la belleza de lo pequeño. Cerré los ojos… sin saber muy bien cómo, mi mente hizo una pirueta y aterrizó en Charles Manson.

Sí, ese Manson. El de la cruz grabada en la frente. El que nunca empuñó un cuchillo pero convenció a un puñado de chicas perdidas de que degollaran a una actriz embarazada. El que escribió canciones, canciones malditas, y soñó con ser estrella de rock. Manson no fue un político. Fue un artista fracasado. Un poeta del horror que encontró en la manipulación su único lienzo.

Y me pregunté: ¿qué carajo tiene que ver Manson con Tolstói?

El artista de la pesadilla

Manson también pintó su aldea. La suya se llamaba Spahn Ranch, un rancho abandonado en el valle de San Fernando donde reunió a sus «hijos» —jóvenes fugados de hogares rotos, adolescentes en busca de un padre, almas en carne viva. Y allí, entre canciones de los Beatles mal interpretadas y ácidos que bajaban mal, Manson les enseñó una doctrina: el fin del mundo se acercaba, una guerra racial llamada «Helter Skelter», y ellos serían los elegidos para sobrevivir desde el desierto.

Esa era su aldea. Podrida, manipuladora, apocalíptica. Pero era suya. La pintó con obsesión, con carisma, con una especie de poesía torcida que atrapaba a los débiles. Y el resultado fue universal, sí. Universalmente monstruoso.

Porque cuando el mundo conoció los asesinatos de Sharon Tate y los LaBianca, no pudo apartar la mirada. Manson se volvió un ícono del mal. Libros, documentales, canciones, memes. Su aldea infectó la cultura global. Tolstói tenía razón: pintó su aldea y fue universal. Pero nadie dijo que lo universal tuviera que ser bello.

La noche oscura del alma

Y aquí estoy yo, con la frase del viejo ruso envolviendo mi cerebro como una serpiente. Porque empecé buscando luz y encontré sombra. Empecé queriendo escribir sobre la belleza y terminé frente al espejo preguntándome: ¿qué pasa cuando tu aldea es un culto? ¿Qué pasa cuando lo que pintas es el odio, el engaño, la locura?

Tolstói pintó campesinos arando. Manson pintó adolescentes armados con cuchillos. Ambos se encerraron en su mundo. Ambos lo creyeron con toda el alma. Ambos influyeron a millones.

La diferencia, claro, es que uno escribió Ana Karenina y el otro escribió una letanía de sangre. Pero el mecanismo psicológico —esa capacidad humana de concentrarse en lo propio hasta volverlo absoluto— es exactamente el mismo.

El jardín que nunca se extingue

Y entonces, justo cuando crees que la historia terminó con Manson muerto en una prisión de California en 2017, ocurre algo incómodo.

Abres las redes sociales y te topas con un documental sobre otro líder, otra comuna, otra secta que floreció en el desierto o en un bosque de Europa o en una granja de Sudamérica. Siempre hay un padre, una profecía, un enemigo al que señalar. Siempre hay jóvenes con ojos vidriosos que entregan su dinero, su cuerpo, su alma.

Manson no murió. Manson fue un síntoma. Y los síntomas no desaparecen, solo cambian de percepción.

Y el mundo, como siempre, mira hacia otro lado. Hasta que suena el primer disparo. O aparece el primer cuerpo. O la primera adolescente escapa por una ventana y cuenta que allí abajo, en ese jardín de aparente paz, había un infierno.

Autor

  • Poeta y escritor uruguayo, residente en Chile; ha publicado los
    poemarios Palabras en juego;(E.E.U.U 2022); ecos de pensamientos;
    (Argentina 2023); Intersecciones; (Chile 2024), sus poemas han sido
    publicados en varias antologías poéticas internacionales.
    Colaboró como redactor y editor en revista de poesía digital AVPLA
    (México, 2023).
    En el 2024 comienza a escribir cuentos.
    En el 2025 algunos de sus cuentos aparecen en antologías en Argentina
    y Cuba.
    Actualmente dedicado a la narrativa.

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