NEOEXISTENCIALISMO
por FERNANDO LÓPEZ LAGE
El naturalismo neurocéntrico redujo su capacidad y ya no define el comportamiento humano desde el determinismo biológico. Esta reducción queda en evidencia frente a la cultura cyborg, a la tecnología, y trajo consigo consecuencias innovadoras también para los pensadores. La mente y el cerebro son cosas distintas, y la existencia humana es posible en sus contextos, en lo que el filósofo alemán Markus Gabriel define como campos de 1 sentido. El animal humano no es solo un objeto físico y aprehensible; es mucho más complejo. Sus relaciones, contingencias y ensamblajes hacen que caduque el principio naturalista. La hiperconexión tecnológica y la IA (Inteligencia Artificial) son situaciones externas que podrían llegar a prescindir del cerebro humano. En un futuro cercano, seguramente lograrán la autoconciencia y la autonomía que tanto temen los naturalistas.
Zoodram VI, Pierre Huyghe (2006).
1 Markus Gabriel (1980) es filósofo y el profesor universitario más joven de Alemania. Es titular en la Universidad de Bonn, donde imparte Epistemología, Filosofía Moderna y Contemporánea, así como director del Centro Internacional de la Filosofía, de dicha institución.
Los sujetos humanos no se definen exclusivamente por su cerebro, sino por una concatenación de sucesos que, a la vez, varían según el contexto. Si un sujeto es el único capaz de indicar las características de un objeto, o a la cosa misma, estamos frente a lo que llamamos metafísica clásica. Si lo que dice el sujeto humano de esa cosa lo define, aludimos a conceptos del constructivismo del siglo XX en sus etapas moderna y posmoderna. Gabriel también define la religión como una forma de búsqueda de sentido. Los monoteísmos creen que la idea de Dios tiene sentido aunque no se pueda comprobar desde los saberes científicos. No existe ninguna prueba científica de que Dios exista y, a pesar de eso, hay miles de millones de devotos de varias religiones. Pensando en la geopolítica: ¿habrá en el mundo un lugar para cada pueblo elegido?, ¿habrá un territorio delimitado con fronteras?, ¿continuará la idea del Estado-nación como constructo de pertenencia e identidad? Para negociar un acuerdo entre dos Estados en conflicto que están inmersos en religiones distintas, surgen diferentes campos de sentido y, por lo tanto, hablamos de mundos diferentes que se corresponden con distintas formas de fe y de razonamiento. Se plantea una diferencia ontológica, y la consecuencia es solo el desentendimiento que, en algunos casos extremos, rápidamente nos lleva al terrorismo o a la guerra. El argumento racional, contextual e histórico no comulga con las creencias; el zeitgeist de Hegel parece hacerse añicos.
Ceci n’est pas une pipe, René Magritte (1928), La traición de las imágenes.
Frente al argumento de que el mundo no existe y que, por lo tanto, no es posible que haya alguien que rija la vida del universo y del mundo de los humanos: Dios no existe desde la anterior perspectiva, pero sí existe como objeto, porque en realidad es una creencia en un ámbito conformado por los que tienen fe y devoción. El caso del arte propone algo nuevo y diferente frente a la experiencia del mundo; es decir, estamos inmersos en piezas de arte que complejizan lo que muestran. René Magritte (1898-1967, Bélgica) lo dejó bien claro con la pintura “La traición de las imágenes”, que debajo de la ilustración de una pipa tiene la inscripción: «Esto no es una pipa”. Puso en escena la crisis de la representación, porque una pipa no es bidimensional y la pintura solo es una alusión a una pipa en el mundo del arte. El mundo donde se encarna lo simbólico a través de la imagen es también un campo de sentido. Por lo tanto, Magritte nos dice que no es una pipa porque no se puede fumar con ella. El neoexistencialismo de Markus Gabriel es un marco filosófico que redefine la condición humana tras ese fracaso.
Jardín Paraíso de Howard Finster, tapa de Little Creatures Talking Heads (1985).
Los procesos neurobiológicos no explican lo humano porque esto no se reduce a la naturaleza. La mente comprende, interpreta, simboliza, incorpora significados y tiene capacidad de autoconcepto. En ese ensamblaje de situaciones —fisicidad, espíritu, fe, hambre, sed, elecciones, deseos, algoritmos, artificialidad y un largo etcétera— aparecen las cosas que hacen a lo que llamamos mundo. Que el mundo exista tal como lo pensamos es una hipótesis; lo que sí comprobamos es una construcción de saberes que indican la pertenencia para los que integramos el mundo. En la existencia hay objetos aprehensibles e inaprehensibles, físicos, imaginados, etc., pero la existencia se debe al ámbito o campo de sentido. Uno de esos objetos sería este mundo que pensamos desde la incuestionable cultura occidental y que tiene su propio campo de sentido, que no es la totalidad de las existencias, ni de los universos, ni de las galaxias, ni las dimensiones. Está claro que hay más, y que por lo tanto la definición de mundo es casi una línea del diccionario europeo. Jean-Paul Sartre creía en la libertad y la capacidad de los seres humanos para definirse a sí mismos a través de las ideas que construyen sobre su propia existencia. El neoexistencialismo busca una comprensión del ser humano que integre su faceta simbólica, cultural y libre, superando la visión de la máquina biológica, del cuerpo como contenedor del alma.
Hisser, Ed Atkins, (2015).
El neoexistencialismo se pregunta: ¿Qué es el ser humano? Las explicaciones naturalistas a menudo luchan por justificar conceptos como el libre albedrío y la moralidad, que son aspectos centrales de la condición humana. Si bien la neurociencia es crucial para entender el cerebro, no es suficiente para comprender la mente en su totalidad, ya que la experiencia humana implica elementos conceptuales y contextuales que van más allá de los hechos físicos observables. Este enfoque propone recuperar y actualizar las ideas del existencialismo tradicional y también del idealismo alemán. Se centra en la experiencia vivida, la subjetividad y la capacidad humana para dar sentido y fundamento a la existencia, cuestiones que el naturalismo ignora o minimiza. Es un contrapeso a la hegemonía del naturalismo en la academia y la cultura general, abriendo la puerta a una ontología más rica que la materialista.
© Foto: Volker Lannert/Universidad de Bonn
Markus Gabriel combate todo planteamiento que considere que la mente tiene que encajar en el orden natural, o que el cerebro fabrica pensamientos. El concepto de mente es ambiguo y confuso, los científicos y los filósofos lo usan de manera diferente. porque es el resultado de diferenciarnos del universo físico y del resto del reino animal. La ambigüedad no es un error, sino una consecuencia de cómo los humanos se entienden a sí mismos. La mente es una idea que creamos para describir aquello que nos hace únicos en el mundo. La mente no sigue las leyes físicas de la misma manera que una roca que cae. Implica intencionalidad, libertad, significado y subjetividad. La biología no debería definir la mente, porque ésta la usamos para hablar de esa parte de la existencia humana: la cultura, el significado, la libertad, el espíritu, la fe, que escapa a la explicación puramente naturalista o materialista. El concepto es confuso precisamente porque intenta capturar lo que nos hace humanos más allá de ser solo máquinas biológicas.
Montevideo, enero, 2026.
Autor
-
Fernando López Lage (Montevideo, 1964). Artista y docente uruguayo que ha expuesto individualmente en el Museo Nacional de Artes Visuales, en el Museo Blanes, Linda Moore Gallery (EEUU), Colección Engelman Ost, Alianza Uruguay EEUU, Galería Xippas Punta del Este, entre otras. Desarrolla el Programa de formación permanente en el colectivo fac. Recibió numerosos premios, en 1996 obtiene la Mid American Art Alliance y la USIA (New York, Los Angeles, New Orleans, Chicago, San Francisco, Texas, Washington, New México). Residencia de artista en la Universidad de Texas; expone en el Fox Fine Art (El Paso, Texas, Estados Unidos). Es invitado por la Asociación Internacional de Críticos de Arte para integrar el envío a la Bienal de Pintura de Cuenca, Ecuador en 1989,donde obtiene el premio Le Parc al mejor pintor latinoamericano menor de 35 años. Es invitado a la Bienal de La Habana en 1992 y nuevamente, a la Bienal de Pintura de Cuenca, Ecuador (1994), por el comité organizador. En 2007 participa en la Bienal del Mercosur, Conversas un dialogo de obras junto a John Baldessari y Terrence Mallick. Fue director de la revista Arte: y de la revista digital Hugo. La editorial Estuario publica El color Pharmakon en 2018, y Madmaxismo en 2022. Ambos con Mención en el Premio Nacional de Literatura. En 2025 con la misma editorial publica Sensor de contingencia.
