Picasso en escena:
The Three Dancers, celebración centenaria en la Tate Modern

Por REVISTA DESPUNTE

Tres cuerpos convulsionan en el lienzo. Brazos en tensión, piernas torcidas, un grito mudo de color y geometría. The Three Dancers (1925) no bailan para seducir: bailan como si se desgarraran, como si su danza fuese un exorcismo. Cien años después, la Tate Modern convierte ese estallido pictórico en escenario vivo con Theatre Picasso, una exposición que inaugura el 17 de septiembre de 2025 y que promete arrastrarnos, hasta abril de 2026, al corazón febril del artista.

Un cuadro nacido del duelo y la ruptura

Picasso pintó The Three Dancers tras la muerte de su amigo Ramón Pichot, marcada a su vez por el recuerdo del suicidio de Carlos Casagemas. El lienzo no solo es una elegía a la amistad perdida: es también la ruptura brutal con la serenidad neoclásica que Picasso cultivaba en los años veinte. De ahí surge una energía oscura y expresionista: torsiones violentas, rostros descompuestos, un ritmo que coquetea con el surrealismo y el subconsciente. Es, en pocas palabras, un autorretrato emocional disfrazado de danza.

Del lienzo al escenario: Theatre Picasso

Un siglo más tarde, la Tate invita a mirar ese cuadro como detonante performativo. La artista Wu Tsang y el curador Enrique Fuenteblanca transforman la galería en un teatro expandido donde Picasso aparece menos como genio distante y más como un personaje en constante actuación. Más de 45 obras —entre ellas Weeping Woman (1937), Nude Woman in a Red Armchair (1932) y el inédito en Reino Unido tapiz Minotaur (1935)— dialogan con coreografías en vivo y con la proyección de The Mystery of Picasso (1959). Todo ello convierte la exposición en un palimpsesto de cuerpos, trazos y gestos.

Tate Modern, 25 años de reinvención

La muestra se enmarca en el 25.º aniversario de la Tate Modern, institución que desde su apertura en el 2000 ha sido laboratorio de experiencias más que simple museo. Aquí no se trata solo de colgar cuadros: se trata de crear espacios donde el espectador deja de ser turista pasivo y se convierte en cómplice, en testigo incómodo, en parte de la escena.

Una invitación al vértigo

Theatre Picasso no es una conmemoración nostálgica, sino una reactivación. Es Picasso bailando de nuevo, pero esta vez en carne múltiple: pintura, tapiz, escultura, movimiento. Es la demostración de que incluso las imágenes más conocidas pueden arder otra vez si las ponemos bajo nuevas luces.

Autor

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