Rebeca Matte Bello,
los pasos de una escultora.
A 150 años del natalicio
1875 - 2025

por MARÍA ESTER GONZÁLEZ CERECEDA
El día se presenta a través de la ventana como verdes hondadas de colinas, árboles que afloran victoriosos al paso del tiempo y el vaivén del tren me acuna en este nuevo viaje a Florencia. Han pasado dieciséis años desde que descubrí a una mujer chilena que dejó lo mejor de sí en estos parajes. ¿Me salvó la vida? ¿la salvé del olvido?

“Une vie”, Museo Stibbert, Florencia. Vista lateral frontal.

Ha sido un largo camino de reconocimiento mutuo, de descubrimiento de una historia, que aún hoy, se sigue repitiendo, las invisibles historias de grandes mujeres.

¿Fue una privilegiada, Rebeca? Sí, su padre Augusto Matte, diplomático renombrado, le permitió viajar y conocer el mundo mientras que su abuela materna, Rosario Reyes, le dio acceso al cenáculo intelectual de la época. En su casa era frecuente entramarse en conversaciones con José Victorino Lastarria, Alberto Blest Gana, entre otros importantes artistas y escritores. 

La madre, la gran ausente, desarrolló una enfermedad mental tras su nacimiento; vacío latente en su vida, que solo su talento logró transformar en esculturas cargadas de simbolismos de vívidos rastros de ese abandono prematuro.

De ese privilegio ella tenía consciencia y lo aprovecha para brindar un poco de confort a los menos afortunados, es así como desde muy pequeña, enseña a su hija Eleonora, conocida también como Lily, a compartir, a empatizar con su entorno, lo testimonia propio Lily en su diario de vida, en donde narra fiestas y encuentros con niños de familias vecinas, en donde se les regalaba dulces y juguetes.

Otro testimonio de la bondad de la artista es una tarjeta, conservada en el archivo de la Academia de las Artes del Diseño, en donde ella refiere que dona una escultura esperando que el dinero recabado, la academia lo entregue a un fondo de sustento a sus colegas en tiempo de la Primera Guerra Mundial. Este espíritu altruista, junto a su talento, conmueve de tal manera al directorio que, en 1917, le otorgan el título de Docente Ad Honorem de una de las academias más antiguas del mundo. 

Su matrimonio con Pedro Felipe Íñiguez no está exento de desacuerdos, lo testimonian cartas que ella y él envían a su tío Claudio Matte, en donde ella le confiesa que su marido insiste en llevarla de regreso a Chile, para ser él quien sostenga la familia ya que la pareja era ayudada económicamente por Augusto Matte.

Seguramente, estas colinas encantadas la conmovieron más que el seguir los sueños políticos de ese marido esquivo y controlador que, con la excusa de preocuparse de su salud mental, quería hacerla volver a una realidad demasiado estrecha para una mujer que había conocido la libertad y avances de la condición femenina en la sociedad europea. Una mujer, que había estudiado arte en Italia y Francia, pudiendo acceder a clases de desnudo en vivo, algo que jamás habría podido realizar, en el contexto tradicionalista chileno.

La escultura la llevó por caminos que jamás imaginó y seguir sus pasos para reconstruir su historia, también lo hizo conmigo.

“Une vie”, Museo Stibbert, Florencia. Vista lateral posterior.

Así el 24 octubre me encuentro en Florencia realizando un homenaje a sus 150 años de natalicio, en medio de grandes salones, de cuyas paredes enarbolan obras de incalculable valor, dando a conocer a una escultora chilena, hasta el momento, casi desconocida para sus propios compatriotas.

Cierto que las voluntades, muchas veces, mueven más montañas que capitales económicos, pues por intermedio del cónsul honorario de Chile en Florencia, Leonardo Paiano, logramos llegar con este homenaje a los oídos de uno de los museos más importantes de Europa, Palacio Pitti junto a la Galería de los oficios.

Ahí estaba ella, la primera escultora chilena en ocupar el espacio público con sus obras, conquistando suelo y público europeo.

No fue fácil tampoco para mí ensalzar su legado, he encontrado varios obstáculos relacionados con la poca “voluntad” de hacer, pero Rebeca se ha encargado de despejar el camino. Hacer visible su legado es también hacer visible mi labor de puente a través del cual su legado no quede en la indiferencia.

Encontrar escultoras a inicios del 1900 no es nada fácil, pues al contrario del arte de la pintura que, las mujeres podían desarrollar en ambientes íntimos como interiores de sus viviendas o jardines propios, para esculpir una mujer necesitaba un lugar extra para desarrollar este arte pues las esculturas ocupan espacios de mayores dimensiones.

El evento, titulado “Rebeca Matte Bello – 150 años plasmados en el mármol (1875–2025)”, conmemora el nacimiento de esta insigne escultora chilena, cuya obra constituye un símbolo del vínculo histórico y cultural entre Chile e Italia, y un legado artístico que continúa inspirando a generaciones de mujeres creadoras.

En una sala de la Galería de Arte Moderna de Palacio Pitti, sobre un tapete rojo se exhiben por primera vez, las dos esculturas en bronce que la artista donó a la ciudad de Florencia y que ahora lucen orgullosas su brillo.

Recuerdo que llegué a ellas porque sabía de la existencia de una obra en mármol, La Derelitta, en exhibición permanente en la galería. La obra es de gran impacto visual, por sus grandes dimensiones y porque muestra a una mujer en posición fetal que pareciera refugiarse en una pared de piedra.

A raíz de ella me encontré con los bronces en 2018, descendí al subterráneo de la galería, un lugar frío y oscuro, junto a una infinidad de obras de importantes artistas, lugar en donde no importa la nacionalidad de sus autores ni lo maravilloso de su legado, están ahí, como cuerpos en una morgue de colores y formas que poco a poco van desapareciendo.

Una de ellas es “Donna Giacente”, copia de la escultura en mármol, Militza, que se encuentra en el Museo de Artes y Artesanía de Linares, al sur de Chile. Esta escultura en bronce fue restaurada por un equipo de restauradoras del “Opificio delle Pietre Dure” uno de los institutos de restauro más importantes de Europa. La segunda obra es “Due teste”, de la cual el original, “Las edades de la vida” se encuentra en la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP) en Santiago de Chile. Esta obra muestra dos bustos de una mujer joven junto a una más anciana, marcando el irremediable paso del tiempo.

 

“Une vie”, Museo Stibbert, Florencia. Detalle.

¿Cómo habría tomado la artista este admirable homenaje?

Rebeca era muy tímida, de bajo perfil y sencilla, pero consciente del talento que la hacía resaltar y llamar la atención de todo aquél que observaba su obra.

Cada vez que realizo alguna actividad sobre ella, le pido disculpas por exponerla, muchas veces siento pudor y me hago esa pregunta, pero creo que ya es momento de valorizarnos y alejarnos de la invisibilidad y de la idea de que exponer o difundir el legado de nuestras mujeres, es un modo de “llamar la atención”, no lo es, se trata simplemente de recuperar espacios, acostumbrar al mundo a nuestra presencia en todos los ámbitos de la sociedad.

Rebeca Matte estuvo en las sombras demasiado tiempo y sin querer la traje nuevamente a la palestra histórica en abril del año 2018, pues en el Museo Stibbert de Florencia, silenciosa, como su autora, en un ángulo de los jardines, encontré la escultura Une Vie, que llevaba más de 40 años inubicable.

Casi diría que al verme descansó de ese silencio impuesto por el abandono y el olvido.

Esta obra es, hasta el momento, un “unicum” pues, es el único mármol en donde la firma aparece con fecha de ejecución, 1913. Es una pieza marcada por la muerte de su padre, acontecida ese mismo año, refleja una profunda carga emotiva y se diferencia de trabajos anteriores, mostrando a una mujer madura, consciente y sin pudor. Inspirada en la novela Une vie de Guy de Maupassant con influencias estilísticas del escultor August Rodin, Camille Claudel, Giovanni Dupré, la pieza encarna la capacidad de Rebeca de plasmar en mármol lo que su tiempo no le permitió decir. Su obra rompe con los cánones tradicionales del arte “femenino” de su época y afirma su audacia como mujer, escultora y madre, dejando un legado que aún resuena por su fuerza y sensibilidad.

Luego vino una obra monumental, El espectro de la guerra, muy poco documentado pues no es de fácil acceso puesto que se encuentra en los jardines del Palacio de la Paz, en La Haya, regalo del gobierno chileno en 1914 como contribución a la construcción de este símbolo paz.

La presentación de este monumento en Florencia causó gran revuelo en su pequeño refugio en la Toscana, en su “villino” (chalet), donde llegaron intelectuales de toda Italia para admirarla. Algunos diarios escribieron sobre el acontecimiento; Lily recuerda en su diario de vida un titular que decía: “Grande es la audacia, pero la artista es más grande que la audacia misma”.

Después de tres meses de tratativas burocráticas para acceder a una visita de reconocimiento al monumento y poder documentarlo, el 11 de noviembre 2025, tuve la maravillosa fortuna de ver y sentir el monumento con mis propios ojos y el corazón.

Tal es la potencia de este monumento que es imposible quedar sin que se te apriete el alma.

Luego de atravesar numerosos pasillos y salas, me condujeron al patio posterior del palacio, fue tal el impacto que nos quedamos mudos al ver en la lejanía a esa mujer con la mano extendida en el intento de atraparnos y quitarnos la tranquilidad y la calma.

El paisaje se presenta inverosímil, inmediatamente saliendo del palacio, nos encontramos con un patio ordenado, verde, bien configurado, con laberintos que logran que el visitador se pierda en el idílico mundo perfecto, sin sospechar siquiera que ella está ahí, pronta a tomarte con su mano agrietada y mortal.

Rebeca realiza este monumento en 1913, como visionaria de una guerra inminente, como advertencia del desastre que trae este espectro sobre la humanidad.

Son cuatro figuras a los pies del espectro, reparadas por un muro alto que en la penumbra provocada sobre los cuerpos repartidos en el terreno no es más que desolación lo que transparentan cada uno viviendo su propio calvario.

Esta vez es Dante quién inspira a la artista, como lo hiciera con el gran Miguel Ángel, en el Juicio Universal de la celebérrima Capilla Sixtina, recordándonos que nadie queda indolente frente a la punzante Divina Comedia del sumo poeta italiano.

Al igual que su obra La derelitta, aparece una mujer que quebrantada por el dolor cubre su cara buscando refugio en la penumbra del muro. Bajo ella, un hombre lánguido con su brazo extendido que inevitablemente recuerda al Cristo de La Piedad, del Buonarroti, ese brazo inerme, no es otra cosa que la muerte representada esta vez en el bronce.

Sin duda la protagonista es precisamente ella, ese espectro que, como ave rapaz, está al acecho, esperando el momento justo para quitarnos lo que nos diferencia del mundo animal: la humanidad, los valores, la empatía. Ella, la guerra está con los ojos desencajados que distorsionan todo lo que encuentran a su paso. Uno de sus pies sobre dos cuerpos privados de vida, pareciera que se posicionara entrando en las carnes muertas de esos cuerpos, comprobando que la sangre derramada la sacia solo a ella. Rebeca representa no una guerra ganada pues, en estos conflictos, pierde solo el creado.

«El espectro de la guerra». Palacio de la Paz, en La Haya.

El otoño aporta al monumento ese aire nostálgico de lo perdido, de lo que ya no existe, un balance negativo de lo arrebatado.

Las hojas caen sobre estos mártires, como laureles de celebración de la victoria, solo que en esta contienda, no quedan vidas para contar el horror que el espectro de la guerra trae. Desgraciadamente, algo latente todavía hoy.

Y cuando la artista piensa que nada puede superar el dolor de la guerra, la vida la golpea nuevamente: la tuberculosis, conocida también como la peste blanca, le arrebata a su amada Lily cuando apenas tenía 24 años.

– Cada noche, antes de dormir, lee el diario de su hijita, acaricia sus páginas, las huele con los ojos cerrados… y entonces, como una suave melodía, su voz vuelve a su memoria.

Tras el fallecimiento de Lily, la escultora se dedica a la edición y posterior publicación, de su diario de vida, Páginas de un diario. Acto seguido, crea la Fundación Lily Íñiguez Los Nidos en Santiago, como buscando encontrar ese calor de amor primario, aquél que ella no conoció, tratando de apagarlo ayudando a niñas en situación de riesgo social.

Muchos dicen que su vida fue tormentosa. Yo prefiero pensar que fue intensa, una mujer sensible, a la cual le tocó plasmar en mármol lo que su voz pocas veces pudo proferir.

Su vida fue ni más feliz ni más triste que la de cualquier persona, ¡con la sensibilidad a flor de piel!

Un día 29 de octubre vino al mundo, y años después —sin buscarlo— abrió el camino a muchas mujeres que hoy, con valentía, buscan brillar sin culpa, solo respetando su valor. A ellas les deja su legado.

Los homenajes continuarán en Chile, nadie es profeta en su tierra, dice el dicho, pero yo concluyo que eso es cierto hasta que la sororidad nos salvó del olvido, nosotras mismas debemos cuidar nuestras historias, cuyos testimonios son el legado que debemos difundir para hacerlas imperecederas.

Autor

  • M. Ester González Cereceda es una gestora cultural chileno-italiana que vive en Roma
    desde hace más de veinte años.
    Su interés por los temas de género la llevó a estudiar la vida y obra de la escultora chilena
    Rebeca Matte Bello. Gracias a esa investigación, en 2018 descubrió en el Museo Stibbert
    de Florencia la escultura Une Vie, que se creía perdida. En 2019, con motivo de los 90
    años del legado de Matte Bello, ofreció seis conferencias en importantes instituciones de
    Chile. En Italia también fue invitada a exponer en dos reconocidos espacios de Florencia:
    el Opificio delle Pietre Dure y la Accademia delle Arti del Disegno, donde la escultora
    había sido reconocida como Docente ad Honorem (1917.
    A partir de este trabajo, M. Ester se propuso dar mayor visibilidad a otras creadoras
    chilenas. Así nació en 2015 la asociación Grandes Mujeres Chilenas, que dirige junto a su
    equipo y desde la cual impulsa distintos proyectos culturales a nivel internacional.
    Como gestora cultural, ha organizado conciertos, charlas y otras actividades en la
    Embajada de Chile en Italia, en Roma, y colabora estrechamente con la Gabriela Mistral
    Foundation Inc. de Nueva York.
    Además, trabaja como consultora turística, enfocada en turismo artístico y patrimonial.
    Está acreditada como acompañante turística y combina su pasión por los viajes y la
    cultura ofreciendo experiencias únicas a quienes visitan Roma.
    Todas estas actividades complementan su faceta creativa como autora de cuentos y
    artículos con un fuerte trasfondo histórico. Actualmente estudia Historia y Conservación
    del Patrimonio Artístico en la Università degli Studi RomaTre y se desempeña como guía
    turística en los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro, en el
    Vaticano.
    Con motivo de los 150 años del nacimiento de Rebeca Matte Bello, M. Ester impulsó un
    importante homenaje a la artista en el Palacio Pitti de Florencia. Por primera vez se
    exhiben allí dos esculturas que Matte donó a la ciudad:
     Donna giacente, una copia en bronce de tamaño medio de la obra Militza, hoy en
    el Museo de Arte y Artesanía de Linares.
     Due teste, copia en bronce de Edades de la vida, cuya obra original está en la
    Sociedad de Instrucción Primaria.
    En esa misma galería también se encuentra expuesta de forma permanente la escultura
    La Derelitta.
    M. Ester ha realizado además un viaje de inspección para revisar el estado de la obra El
    espectro de la guerra, ubicada en los jardines del Palacio de la Paz, sede de la Corte
    Internacional de Justicia en La Haya.
    Próximamente viajará a Chile para participar en varias actividades conmemorativas
    dedicadas a Rebeca Matte Bello, entre ellas la charla “Rebeca Matte Bello, 150 años
    plasmados en el mármol”.

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