Breve historia del asombro

Por REVISTA DESPUNTE
Hay libros que entran pidiendo silencio y otros que lo rompen con una carcajada leve, como si alguien hubiese abierto una ventana en medio de la solemnidad.

Breve historia del asombro pertenece, sin duda, a esa segunda estirpe. El libro —publicado por Nuevenoventa Ediciones en octubre de 2025— se abre como quien invita a caminar sin mapa: uno avanza confiado y, de pronto, tropieza con un verso que obliga a levantar las cejas y volver a mirar el mundo: 

 

(0.29)

¿a qué edad aprendemos

que hay algo que aprender?

¡tanto tiempo esperando el tiempo

i sin embargo todavía es sin embargo!

 

Su autor, Américo Reyes Vera (Curicó, Chile, 1960), no juega al poeta iluminado ni al profeta de sobremesa. Prefiere algo más interesante: jugar. Y en ese juego —que parece ligero pero es más bien un laboratorio— desarma la solemnidad con la que a veces se mira la poesía. Aquí se habla del amor, sí, pero también del acto de escribir, del lenguaje que se rebela, de la ciudad que respira entre líneas y de esa vida cotidiana que suele pasar inadvertida hasta que alguien la ilumina con la linterna adecuada. Reyes ordena sus piezas como quien arma un rompecabezas infinito: nunca termina, pero siempre encaja.

El libro piensa… y se ríe mientras piensa. La metapoesía aparece sin toga ni seminario universitario, se cuestiona el verso, se sospecha del poeta, se guiña un ojo al lector. Las secciones dialogan entre sí como habitaciones conectadas por espejos deformantes: el amor refleja la escritura; la escritura refleja la ciudad; la ciudad devuelve, multiplicado, el asombro. Y en medio de ese pequeño carnaval literario emerge una voz clara, irónica, a ratos vulnerable, que no teme mostrar las grietas.

 

(0.22)

si no salvo mi vida

salvo mi muerte que es mejor

es salvarlo todo

incluyendo el etcétera

 

Reyes juega a cambiar de máscara. Aparecen personajes, voces inventadas, cartas apócrifas, homenajes y guiños literarios. A ratos el poeta parece admitir —con una sonrisa cómplice— que quizás quiso ser narrador y terminó escribiendo poemas que coquetean con el cuento. El resultado son textos ágiles, híbridos, con una respiración narrativa que evita el artificio excesivo y deja, después de leerlos, un eco persistente.

En tiempos de vértigo digital y frases desechables, Breve historia del asombro funciona como un pequeño sabotaje contra la prisa. No promete revelaciones místicas ni iluminación instantánea. Propone algo más radical: volver a mirar. Como si el asombro fuera un músculo olvidado que la poesía —cuando se sacude el polvo— todavía puede ejercitar.

Para Despunte, este libro es una invitación a detenerse y aceptar el desafío que el propio Reyes parece deslizar entre líneas: “Mira bien, esto también puede ser poesía”.

Y uno cierra el libro con una sospecha: quizá tiene razón. La única forma de comprobarlo es abrirlo otra vez. Leer. Y dejar que el asombro haga lo suyo.

Autor

  • Es una criatura editorial nacida en 2025, entre el caos y la belleza. Plataforma independiente de arte, literatura y pensamiento indisciplinado, reúne voces diversas que atraviesan el mundo con sensibilidad crítica. Publicamos crónicas, poesía, relatos, imágenes y todo lo que vibra. No explicamos: provocamos. Nos mueve la intuición, la creatividad como resistencia y la potencia de lo sensible. Con base en lo latinoamericano y proyección europea, Despunte es un punto de fuga, un meridiano errante, un espacio donde la belleza despunta.

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