Stephen King: el fantasma favorito de la cultura pop
Por GUSTAVO LÓPEZ
Hay nombres que se sienten como un golpe en la cara. Stephen King, por ejemplo, no se pronuncia: se invoca. Lo escuchás en los pasillos del cine, en un verso perdido de una banda indie, en el meme con ojos desorbitados que te acecha después de medianoche. King está en todas partes, no porque se lo proponga, sino porque desde hace casi medio siglo se convirtió en una especie de polizón incómodo en el crucero de la cultura pop.
Uno crece con la absurda idea de que el terror es un género menor, un capricho adolescente, un pasatiempo de freaks. Hasta que te atrapa King. Y ya no lo soltás, porque tampoco él te suelta. Desde las primeras páginas entendés que el monstruo es la excusa, que la casa embrujada es solo el decorado. Que lo que King hace es destriparte sin anestesia y después darte un espejo para que mires los restos.
Empezó escribiendo historias para sobrevivir, dictando en una Olivetti con más cinta que teclas, mientras los críticos se burlaban y los académicos lo ignoraban. Y sin pedir permiso, se filtró en las estanterías, en los VHS polvorientos de los videoclubes, en las pesadillas colectivas.
Un día era el rarito de Maine, al siguiente era la materia prima de Hollywood. Y de ahí al imaginario global, como un virus imposible de contener.
Lo fascinante es que nunca se disfraza de genio. Escribe rápido, a veces apurado, siempre crudo. Su literatura atraviesa la solemnidad con una navaja oxidada. King entiende como pocos que el miedo es más pop que las baladas de amor, que hay más verdad en un susto que en cualquier
discurso motivacional.
Camina por la cultura pop como un forastero que ya se volvió local. Lo ves en las referencias de Stranger Things, en las reediciones de It, en la estética retro que las marcas exprimen hasta dejarla hueca. Lo escuchás cuando una banda le canta al niño marginado, cuando un videojuego cita
El Resplandor sin disimulo. King es incómodo, llega a la fiesta para contar las historias más oscuras… y todos lo escuchan con fascinación.
Pero lo mejor —lo realmente jodido— es que King no se fue a ninguna parte. Sigue escribiendo, sigue mirando bajo la alfombra, sigue hurgando en lo que nadie quiere contar. Y aunque Hollywood se esfuerce en endulzar sus historias, siempre hay una línea, un personaje, una imagen que te atraviesa como un cuchillo mal afilado.
Y mientras la industria cultural intenta una y otra vez diluirlo en fórmulas de éxito, Stephen King sigue ahí: incómodo, corrosivo, con el dedo clavado en la llaga. Recordándonos, quizás, que lo verdaderamente aterrador es que… todavía no hemos visto nada.
Autor
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Poeta y escritor uruguayo, residente en Chile; ha publicado los
poemarios Palabras en juego;(E.E.U.U 2022); ecos de pensamientos;
(Argentina 2023); Intersecciones; (Chile 2024), sus poemas han sido
publicados en varias antologías poéticas internacionales.
Colaboró como redactor y editor en revista de poesía digital AVPLA
(México, 2023).
En el 2024 comienza a escribir cuentos.
En el 2025 algunos de sus cuentos aparecen en antologías en Argentina
y Cuba.
Actualmente dedicado a la narrativa.
