Esta novela web se inscribe en la ciberliteratura como hiperficción explorativa: una forma narrativa concebida específicamente para el entorno digital, que apuesta por una lectura no lineal articulada por hipervínculos. Cada entrada funciona como nodo autónomo y, a la vez, como parte de una red en expansión. Inspirada en modelos como Rayuela o Patchwork Girl, su arquitectura rizomática permite que el lector no siga una ruta impuesta, sino que trace su propio recorrido. No hay inicio ni final fijos: lo que cambia —y da sentido— es el trayecto. Esta lógica fragmentaria y polifónica transforma la lectura en una experiencia activa, donde el lector no solo interpreta, sino que compone. Para su lanzamiento, Despunte presenta tres capítulos conectados entre sí: una invitación a entrar por distintas puertas a la misma ciudad secreta.
por Hernán D'Ambrosio

Bartolomé vive en su oficina y, a veces, también en su auto, un Peugeot 405 modelo 1997.

Prácticamente no duerme. Cuando lo hace, jamás llega al sueño profundo. Está entrenado para la vigilia.

Recibe el aviso por radio. Martínez, su viejo amigo de la academia, informa que la casa de Eusebia arde.

Bartolomé está en medias, bóxer, camisa y pistola. Se pone los pantalones, el sobretodo, agarra los cigarrillos y las llaves del auto.

Como siempre, es el primero en llegar. Bartolomé podría ser un gran policía, pero, desde lo que pasó con su padre, las fuerzas decidieron que los brujos no se ocupen del orden y la seguridad de Rodríguez.

La casa arde. Bartolomé apenas se detiene ante el cuerpo de Eusebia. Ya está muerta, no hay nada que hacer. No le interesa si Andrés o Clara están adentro pidiendo auxilio. Bartolomé quiere confirmar que este incendio no fue un accidente.

La garúa cae sobre él mientras busca el origen del fuego. Las llamas surgen de un diminuto punto de luz. Perfecto, sin rastros ni huellas.

Llegan la policía y los bomberos. Saludan con amabilidad a Bartolomé; principalmente los polis porque fue compañero de muchos de ellos y es amigo de algunos.

Los bomberos corren primero hacia el cuerpo de Eusebia y luego a la casa en busca de otras víctimas.

Los policías buscan huellas, evidencias. Consideran que fue un accidente, dada la precariedad de la casa. Un cortocircuito, seguramente.

Bartolomé no dice nada.

Lo que pasó es demasiado grande. Demasiado importante.

El mundo anuncia un cambio fuerte: en el sabor de las frutas, en el agitar de las ramas, en los colores del atardecer. Bartolomé lo siente desde hace bastante tiempo. La muerte de Eusebia no es un comienzo, es una consecuencia del comienzo, la excusa o el chivo expiatorio, lo que libera el final.

¿De qué es consecuencia la muerte de Eusebia? ¿Qué se viene ahora? A Bartolomé le preocupan más estas cuestiones que descubrir quién incendió la casa.

Tal vez todo comenzó con la creación de las estirpes. O con su desaparición.

La radio informa que una mujer es la principal sospechosa. Está en el hospital. Trabaja ahí. Es la amante de Andrés, el hijo de Eusebia.

La próxima parada: el hospital. Probablemente una pérdida de tiempo… a menos que le dispare una idea.

Autor

  • Profesor de Letras de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. Coordina grupos de lectura y escritura desde el 2012. En 2023, su cuento "La obra póstuma de Ana Pradeiro" obtuvo una mención especial en la XVII edición del Premio “Manuel Mujica Láinez”. Y 2025 presenta en Revista Despunte "Bienvenidos a Rodríguez".

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