Richard Linklater:
el cronista invisible de la cultura pop

Por VIVIANA PIZARRO
La semana pasada terminé de ver, por primera vez, Before Sunrise, la primera entrega de la trilogía amorosa de Richard Linklater. En 1995 se me escapó —yo andaba en otra película, literalmente— pero años después, en 2004, me topé con Before Sunset, esa joya ambientada en París, cargada de diálogos interminables que me fascinaron. Después vino Before Midnight, ambientada en una isla griega bañada por la luz y las discusiones: otra danza de palabras, de tiempo acumulado, de amor que se dice y se desdice entre paseos, silencios y reproches.

La trilogía Before (Before Sunrise, Before Sunset, Before Midnight) cuenta la historia de Jesse y Céline, una de las parejas más inolvidables del cine. A lo largo de 18 años, los vemos compartir menos de tres días juntos, pero cada encuentro se siente como una vida entera. Cada película funciona como una estación del amor: el verano del primer encuentro impulsivo en Viena, lleno de promesas y espontaneidad; el otoño parisino de la segunda oportunidad, contado en tiempo real, donde emergen los deseos frustrados y la nostalgia; y el invierno griego de la convivencia, donde el amor madura, se tensa y se pregunta si aún es amor o apenas memoria.

Más que una historia romántica, es un monumento al arte de conversar, a la química inexplicable entre dos personas que se reconocen con solo mirarse. Es también una reflexión sobre el paso del tiempo, los ideales que cambian, y la pregunta constante de si basta el amor para sostenerlo todo.

De todas las películas de Linklater, de las cuales me gustan casi todas, me quedo con estas tres. Aunque todas y cada una tienen su encanto pop.

Linklater y la cultura pop

No todo lo pop es superficial. A veces, lo pop también es médula, espejo y cicatriz. En el cine de Richard Linklater, la cultura pop no es un chiste fácil ni un decorado retro: es el lenguaje secreto con el que las generaciones se cuentan a sí mismas quiénes son, qué desean, qué han perdido. Linklater filma épocas, sí, pero no como postales. Las filma como si fueran recuerdos que todavía vibran en el cuerpo.

Desde Dazed and Confused hasta Boyhood, pasando por School of Rock y Everybody Wants Some!!, su obra es una especie de archivo emocional del tiempo vivido. No el tiempo oficial, sino el íntimo: ese que suena a Bowie, huele a sudor adolescente y se dice en jerga de patio de colegio o conversación en el asiento trasero de un coche.

Cápsulas del tiempo con olor a vinilo

Dazed and Confused (1993) es más que una película sobre adolescentes en los años 70. Es un ritual de paso hecho de riffs, cigarros y camisetas ajustadas. La música no sólo acompaña: define. La ropa no ilustra: inscribe identidades. Y Everybody Wants Some!! (2016), su “secuela espiritual”, traduce esa misma idea a los 80, mostrando cómo las estéticas musicales son también tribus emocionales. En las fiestas, cambiar de canción es cambiar de máscara, de personalidad.

Linklater no reconstruye una época: la revive. Sus películas no son piezas de museo, sino fiestas clandestinas en casas que ya no existen, donde uno entra por la pantalla y se queda a dormir.

Hablar de Bowie para hablar de uno mismo

Hay directores que insertan referencias culturales como quien pone stickers en una libreta. Linklater no. En sus películas, la cultura pop es idioma materno. Los personajes de Before Sunrise y sus secuelas no conversan: improvisan conciertos verbales sobre libros, películas, canciones, teorías filosóficas. Seducen hablando de lo que les vuela la cabeza. Porque a veces, decir “me gusta Nina Simone” es otra forma de decir “quiero que me mires”.

Y Boyhood (2014), ese experimento poético que crece frente a nuestros ojos, convierte los íconos de cada año —una canción, un videojuego, un escándalo viral— en señales de crecimiento. Como si madurar fuera también una playlist.

No hay Linklater sin música. Pero no cualquier música. Sus bandas sonoras son mezclas con alma. En School of Rock (2003), el rock no es el fondo: es el corazón. Enseñar a los niños a tocar a Led Zeppelin es enseñarles a decir “yo soy esto, y esto me importa”. Es un cine donde los acordes abren puertas interiores.

Cada tema elegido importa. No hay nostalgia gratuita. Hay arqueología emocional.

Cultura pop como espejo y trampa

En el universo de Linklater, lo pop une, pero también separa. Un gusto compartido puede ser la llave de entrada a un grupo… o el motivo de exclusión. En Dazed and Confused, los outsiders y los cool kids se reconocen por lo que visten, por lo que escuchan, por cómo se mueven. Porque pertenecer es, también, consumir los mismos símbolos. 

Y sin embargo, siempre hay grietas. Siempre hay alguien que no encaja. Y ahí, en ese desajuste, se cuela la pregunta: ¿somos lo que amamos? ¿O solo lo que nos dejan amar?

Linklater podría caer en la trampa del “todo tiempo pasado fue mejor”, pero no lo hace. Sus películas tienen melancolía, sí, pero también ironía, crítica, ternura. No idealiza la juventud: la mira con los ojos entornados del que sabe que lo hermoso y lo torpe caminan juntos. Su cine no embalsama recuerdos: los hace respirar.

Porque en su cine, lo pop no es museo. Es huella. Es ruido. Es memoria encarnada que nos sigue hablando, aunque hayamos olvidado la letra.

Epílogo

Richard Linklater entiende que la cultura pop no es banal: es vital. Es el tejido blando que sostiene lo que somos, lo que fuimos, lo que soñamos ser. Y por eso la filma con amor, con sentido del humor, con respeto y con picardía.

Sus películas no nos dicen “así fue”. Nos dicen “¿te acuerdas?”. Y en esa pregunta, que es también un guiño, nos reconocemos.

Richard Linklater.
Huston, Texas, 1960

Director y guionista estadounidense. Ganador de dos Globos de Oro y dos premios BAFTA por Boyhood, la película que rodó a lo largo de once años y que se convirtió en un experimento cinematográfico sin precedentes. Es una de las voces más brillantes del cine independiente que irrumpió en los ’90.

Autor

  • Fotógrafa, diseñadora y artista visual nacida en Santiago de Chile, radicada en Barcelona. Su obra explora la cultura y problemáticas contemporáneas a través de la fotografía, el video y el texto, incorporando elementos de reflexión, ironía y apropiación artística. Estudió Comunicación y Relaciones Públicas en Santiago y se formó en Fotografía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Católica de Chile. Posteriormente amplió sus estudios en arte moderno en Estados Unidos.

    Desde 2020 desarrolla también proyectos de edición de video, animación y diseño digital en su propio estudio, HAS Barcelona. Su interés artístico se extiende desde el arte moderno americano hasta el surrealismo europeo. Desde 2024 integra la Inteligencia Artificial en la creación y edición de su obra. En 2025 cofunda Revista Despunte.

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