Borges en diálogo abierto entre lo figurativo y la razón

por RAINER CASTELLÁ
Exploramos cómo la imaginación racional de Borges revolucionó la literatura, desafiando el realismo y dejando una huella eterna. Su obra revela que toda creación artística parte de una idea, un proceso racional que trasciende lo fantástico. Un análisis que invita a repesnar la génesis del arte y su verdadera naturaleza.

La imaginación racional que redefine la literatura

Borges solía brindar una facultad absoluta a la imaginación. Sus relatos fantásticos así lo demuestran. Quizás haya sido esa la causa verdadera de su exclusión al Premio Nobel y no aquello de consentir las alabanzas de Pinochet. Lo cierto es que los ganadores del Premio Nobel se distinguen por los excesos de realismo en una confrontación casi sacra a la imaginería fantástica que de alguna manera debe patentizar al artista ̶ creador, y que en consecuencia del realismo documentalista le debe distinguir del cronista o redactor de prensa.

No obstante, a Borges nada lo excluyó de trascender en las letras erigido como el padre de la literatura moderna y sus relatos aún constituyen un germen paradigmático para muchos autores en la actualidad. La obra de Borges constituye el germen de la literatura tal y como la conocemos hasta nuestros días y eso nadie obligatoriamente racional se atrevería a  cuestionar.

¿Por qué será que incluso exponentes de la literatura realista, aguzados por la razón más descarnada y concreta lo reconocen de este modo?

Para eso tendríamos que analizar; ¿qué es la creación artística más allá de lo literario o el uso en manifestación del lenguaje escrito?

La creación es un reflejo de la realidad exponencial que habita en el creador, ya sea a golpe de sub ̶ consciencia o de una experiencia inmediata. Por tanto, lo primero reposa en la herramienta creativa de la imaginación y lo segundo; en contar o representar aquello que conoce desde su realidad personal o circundante. Ambas se originan de una idea y la idea es un resultado racional. En conclusión: todo producto artístico se sustenta en el intelecto. Principio que racionaliza al arte y en específico el de la literatura: se le añade el concepto racional a toda obra fantástica o de ciencia ficción. Incluso, si ficcionamos “los mitos y leyendas de una región determinada”, existe una base material en el que se originan, más allá del sustrato inmaterial que ofrece a la postre, / entiéndase: costumbres y precedentes culturales para una región o nación específica, aunque la ecuación no revele un resultado material, sí existe en el sustrato que le pondera y por tanto parte de una base material que a la postre se idealiza. (Principio técnico en el que me basé para unificar los subgéneros literarios desde una única porción racionalista, durante el diseño del suprarrealismo en «La visión de los muertos».

El principio de que todo parte de una idea y la idea es material, racionalizando la imaginación que habita incluso en el subconsciente y transforma o no el contexto desde una visión unipersonal, donde todo lo que se manifiesta es real, emparenta a la Visión de los Muertos con su libro Ficciones.

Contra la inquisición realista: defensa del imaginario como motor literario

Por otra parte, consagrados autores como Stephen King y su novela El Resplandor que para llegar al terror sobrenatural, parte del conflicto familiar con el padre alcohólico y abusivo, confluencia de la psiquis y los trastornos emocionales, germinan derredor a lo sobrenatural. Esta, y otras obras de muchísima valía creativa son ejemplos de sepultura analítica por académicos y literatos para desestimarlas en su amplio concepto general y encasillarlas en una especie de subgénero o literatura menor.

Habría entonces que sepultar como una gran obra El Aleph y Ficciones de Borges y muchos otros relatos de Cortázar y Bioy Casares o el realismo mágico de García Márquez, único exponente que consiguió escapar de la cruzada del Nobel sobre los autores que apuestan por una estética fantástica en favor del realismo documentalista, por solo citar unos pocos ejemplos. En consecuencia, los decisores del arte literario actúan a merced de la tradición realista en sus países de orígenes y pecan de un distanciamiento creativo al servicio de un proceso literario en el que ignoran la génesis racional para todo fruto artístico: que siempre, reitero, al ser originada por una idea es racional y no sustancialmente imaginaria en incentivo directo del subconsciente.

En este último caso, Borges estaría de acuerdo: que ese es el punto de partida, pero que el resto del proceso creativo es como  atravesar un túnel, donde la imaginación son tus pies y ojos para desandarlo a cabalidad. De lo contrario, el producto artístico quedaría expuesto a la inflexión de la imagen, lo pintoresco, el análisis transitorio y la sombría gama de enriquecer aquello que solo es modificable desde la más pura y veraz realidad figurativa.

Autor

  • Rainer Castellá Martínez, Santa Clara, Cuba, 1982. Narrador, poeta y crítico. Director editorial de Ediciones Niagara. Proyecto editorial Cuba- Chile con sede en Santiago de Chile. Ha publicado más de doce libros en diversos formatos, entre ellos El Último burgués (novela negra) y Trazos Oscuros (thriller psicológico), que mereció el premio Promonet de novela en Ciudad Panamá y fue traducida al inglés, catalogada como una novela filosófica y de formación, fue incluida en el fondo de los libros hispanos en la Biblioteca de la Universidad de Atlanta; actualmente cuenta con su segunda edición por Ediciones Niagara. También con el sello panameño de Ediciones Promonet publicó la novela histórica / fantástica: Blanche y la maldición del mariscal Gilles y la edición digital de El Último Burgués, ambas en el 2021.

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