Condenados a la libertad: anatomía de un temblor existencial
Por Mirta Luján Mantovani
Europa acababa de salir de la guerra y el suelo todavía humeaba cuando una pregunta comenzó a perforarlo todo: ¿qué significa existir? No era una cuestión académica, sino una herida abierta. El existencialismo no ofreció consuelo ni promesas celestiales; ofreció algo más incómodo: libertad.
Entender un movimiento filosófico requiere tiempo y esfuerzo, en principio la lectura y comprensión certera de los textos de los filósofos que lo gestaron. Ellos son los pensadores de una nueva mirada de la realidad y los creadores de los nuevos paradigmas para comprenderla. Así sucede con la teoría del existencialismo que surgió en la Europa de posguerra en el siglo XX. Su visión del hombre y de su circunstancia fue tan renovadora y contundente que sacudió todos los ámbitos del pensamiento ya sea filosófico, religioso, social y artístico. La mirada de análisis se volvió hacia el hombre, hacia lo humano y a todo lo que lo atañe: el nacer, el morir, el tiempo en que transcurre la existencia, la posibilidad de ser libre, la responsabilidad, la moral y las normas. Nuevas formas de nombrar al hombre con un sentido profundo como “ser ahí”, “ser para la muerte”, “ser en el mundo”, trascendieron el campo filosófico y contagiaron la literatura, la pintura, la música y la forma de vida de muchas personas que se impregnaron de sus principios.
Desde el punto de vista teórico entre los pensadores que lo iniciaron debemos nombrar a Søren Kierkegaard y a Martin Heidegger, en Alemania. Muy pronto se difundió en Francia en el campo filosófico y artístico. Jean Paul Sartre a partir de una conferencia que pronunció en la Sorbona y que luego publicó como libro titulado El existencialismo es un humanismo, impregnó el campo intelectual con una nueva visión del hombre definiéndolo como “un ser condenado a ser libre”. Le acompañaron en este movimiento pensadores y escritores como Simone de Beauvoir, Albert Camus, André Malraux, Samuel Beckett.
Todos estos autores merecen un estudio de sus teorías, pero en todas ellas el hombre aparece como el centro de sus reflexiones como un ser que es arrojado a la existencia con el atributo de la libertad que le atraviesa la vida en un determinado lugar y tiempo y que sabe que es un ser para muerte. No creo equivocarme pero en ninguno de ellos aparecen las palabras paraíso y redención.
Autor
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Mirta Luján Mantovani nació en San Pedro, Buenos Aires, en 1943.
Es egresada de la Escuela Normal de San Pedro, Buenos Aires, Argentina y Profesora de Filosofía egresada de la Universidad Nacional del Litoral. Ejerció la docencia Secundaria y Terciaria hasta su jubilación a partir de la cual decidió ser escritora a tiempo completo.
Su trayectoria literaria incluye libros de cuentos y poemas infantiles, cuentos para adultos, novelas y poesías.
