Las frases también necesitan oxígeno. La gimnasia secreta de los escritores.

Por Gloria Dixit
Durante años consumimos la imagen del artista roto: ojeras, insomnio, nicotina y una botella vacía al lado de la máquina de escribir. Pero quizá la creatividad no nazca solamente del caos. Quizá también necesite pulmones, resistencia y una rutina capaz de sostenerla cuando la inspiración desaparece. Entre maratones, pesas y resacas literarias, tres escritores exponen distintas maneras de pelear contra el desgaste de crear.

Haruki Murakami

Haruki Murakami corre diez kilómetros al día. O nada mil quinientos metros. O ambas cosas. Se despierta antes del amanecer, escribe durante horas y después sale a mover el cuerpo como quien afina una máquina antigua para que no se oxide. Su rutina tiene algo de monasterio zen y algo de entrenamiento olímpico. Resulta extraño imaginar al autor de Tokio Blues sudando mientras medio mundo romantiza la figura del escritor derrotado, insomne y autodestructivo.

 

Pero Murakami insiste: correr le enseñó a escribir. La resistencia física, dice, se parece mucho a terminar una novela. Hay que soportar el cansancio, administrar el ritmo, convivir con la repetición. La inspiración no cae del cielo; se fabrica a fuerza de insistencia. Como una zancada detrás de otra.

Charles Bukowski.

La idea desmonta una vieja fantasía cultural: la del artista como criatura caótica, iluminada únicamente por el exceso.

 

Esa postal todavía tiene un rey sentado en un bar: Charles Bukowski. En su universo, la literatura emanaba cerveza caliente, ceniceros llenos y apuestas perdidas en el hipódromo. Bukowski convirtió el deterioro en una estética y el cansancio en una religión privada. Escribía como quien escupe contra el mundo.

 

Y, aun así, incluso él —el santo patrono de la resaca permanente— levantaba algunas pesas en el patio de su casa. Hay fotos. Hay rastros. Como si hasta el profeta del desorden entendiera que el cuerpo también participa en la escritura, aunque sea desde los márgenes.

 

Entre Murakami y Bukowski aparece una figura inesperada: Pacho O’Donnell. El historiador argentino habló más de una vez sobre la relación entre entrenamiento físico y lucidez mental. Para él, mover el cuerpo oxigena el cerebro, activa la energía, mejora la capacidad intelectual. No plantea el gimnasio como culto narcisista sino como combustible para pensar mejor. “Te pone el motor en marcha”, dice. Y la imagen funciona: escribir también es un problema mecánico. Hay días en los que las ideas parecen un motor ahogado.

 

Quizá la diferencia entre estos tres hombres no sea el vínculo con el cuerpo, sino el método que cada uno eligió para sobrevivir a su propia cabeza.

Murakami corre para entrar en estado de flujo, ese territorio mental donde el tiempo desaparece y las palabras empiezan a avanzar solas. Bukowski bebía para dinamitar cualquier forma de control. O’Donnell entrena para mantenerse despierto, alerta, vital. Tres formas distintas de negociar con el desgaste creativo.

 

Porque escribir no ocurre únicamente frente a una página. También sucede mientras alguien corre solo por una ciudad todavía dormida. Mientras otro fuma mirando el techo de una habitación barata. Mientras alguien levanta una pesa y siente cómo vuelve el aire a los pulmones.

 

Al final, toda obra es también una coreografía secreta del cuerpo que la produce.

 

Y ya que estamos… ¿Cuál es tu método para mantenerte en forma creativamente?

 

PD: ¿Qué diría Platón a todo esto?

Pacho O’Donnell

Autor

  • Gloria Dixit nació en Balcarce, Argentina. Actualmente vive en San Pedro. Antes transitó y vivió algunos hitos de la década de 1960. Estuvo, entre otros sitios, en los EE.UU. con los beatniks (1966), y en París, en plena efervescencia del Mayo francés (1968). Hoy se dedica a meditar, escribir y a conversar con la gente en las márgenes del río Paraná.

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