Michele Krauss:
regreso a las raíces con sello del Metropolitan de NY
Por Revista Despunte
Revista Despunte conversa con la artista chilena en un momento de inflexión vital y reconocimiento internacional. La selección de Veil of Impermanence para Works on Paper 2026, en la Long Beach Island Foundation, acaba de sumar otro hito a la trayectoria de Michele Krauss. La obra fue elegida por Joanna Sheers Seidenstein, curadora del Departamento de Dibujos y Grabados del Metropolitan Museum of Art, instalando el trabajo de la artista chilena en una conversación internacional de alto calibre. El reconocimiento llega, además, en un momento de movimiento profundo: después de más de tres décadas viviendo entre Milán, Madrid, Londres y Estados Unidos, Krauss decidió volver a Chile. No como quien regresa al origen intacto, sino como quien vuelve.
RD: Tu obra acaba de ser seleccionada por una curadora del Metropolitan Museum. ¿Cómo cae ese reconocimiento en el momento vital que estás atravesando?
MK: Lo vivo menos como un punto de llegada y más como parte de un recorrido que seha ido construyendo durante muchos años. He participado en distintas selecciones y concursos vinculados a curadores de instituciones como el Whitney Museum, el Guggenheim, el MoMA o el Philadelphia Museum of Art, entonces esta instancia se siente en continuidad con ese camino.
En el caso de Veil of Impermanence («Velo de la impermanencia»), hay algo
especialmente significativo porque es una obra muy personal. Ahí convergen
preocupaciones que atraviesan mi trabajo: el tiempo, la fragilidad y los procesos de transformación. También me interesa cómo esas ideas dialogan con las formas de comunicación y percepción, con la manera en que algo se transmite, se transforma o cambia con el tiempo.
Además, este reconocimiento llega en un momento de reconfiguración personal muy profundo, así que inevitablemente conversa con el lugar desde donde estoy creando hoy.
RD: Después de años viviendo entre Europa y Estados Unidos, decides volver a Chile. ¿Qué tipo de regreso es este?
MK: Es una transformación importante, no solo geográfica, también personal. Me fui de Chile muy joven y gran parte de mi vida adulta ocurrió fuera: mi formación, mi trayectoria y muchas experiencias que me marcaron profundamente.
Volver ahora tiene otro carácter. No lo vivo desde la nostalgia, sino desde una mirada más consciente sobre la pertenencia y la identidad. Hay algo en la escala, en la geografía y en ciertos silencios de Chile que dialoga naturalmente con el lugar desde donde estoy creando hoy.
Instalar nuevamente mi práctica artística aquí también implica reconstruir desde otro lugar. Vuelvo con décadas de experiencia y referencias acumuladas, pero también con el deseo de profundizar aún más en una búsqueda muy personal. Me interesa ver como esta nueva etapa
empieza a influir en la obra y que nuevas preguntas o posibilidades pueden surgir
desde ahí.
RD: Tu formación mezcla arquitectura, diseño y arte. ¿Cómo se cruzan esos lenguajes dentro de tu obra?
MK: Creo que todas esas experiencias terminaron integrándose de manera muy natural, hasta el punto en que ya no las percibo por separado. Más que influencias literales, forman parte de una sensibilidad visual construida con el tiempo.
La arquitectura de interiores dejó una conciencia espacial; el diseño, una atención particular a las relaciones entre los elementos. También hubo acercamientos a técnicas
tradicionales de pintura y restauración que ampliaron mi interés por las superficies y los procesos de construcción de la imagen.
En Veil of Impermanence esas referencias aparecen de forma orgánica. Me interesa
trabajar desde la tensión entre lo que se revela y lo que permanece ambiguo, construir imágenes que no se entreguen completamente en una primera mirada.
RD: El título Veil of Impermanence tiene algo de mantra y algo de advertencia. ¿ Cuándo aparece?
MK: Apareció hacia al final, pero de algún modo ya estaba contenido en la obra.
Muchas veces trabajo de manera intuitiva, sin verbalizar completamente lo que estoy buscando.
Me interesaba la idea de un «velo» no solo como algo que oculta, sino también como
algo que transforma la percepción. Y la noción de impermanencia conecta con una sensación muy presente en mi trabajo: la idea de que nada permanece completamente fijo o definitivo.
RD: Tus obras parecen pedir una contemplación más lenta, casi incómoda para el ritmo actual. ¿Qué se queda fuera de la vista inmediata?
MK: Me interesa que las imágenes permanezcan abiertas, que no se entreguen del todo en una primera mirada. Creo que toda obra necesita cierto grado de misterio, y para mí es importante que no todo se revele de inmediato. Vivimos en una época donde las imágenes se consumen muy rápido, casi instantáneamente, y no me interesa una imagen que se agote en una primera mirada.
Hay aspectos de la obra que no pasan necesariamente por una explicación racional.
No siento la necesidad de que todo quede completamente resuelto para el espectador.
Me interesa que exista un espacio donde cada persona pueda entrar desde su propia sensibilidad y experiencia.
RD: ¿Qué preguntas nuevas aparecen en este cruce entre reconocimiento internacional y regreso a Chile?
MK: Siento que estoy entrando en una etapa muy abierta. Me interesa seguir
profundizando en el trabajo sobre papel y también comenzar a desarrollar obras de mayor escala.
Volver a Chile inevitablemente abre nuevas preguntas, tanto personales como creativas. Más que regresar con certezas, siento que vuelvo abierta a que este nuevo momento también transforme la obra y abra posibilidades que todavía no puedo anticipar.
En este momento me interesa especialmente mantener esa apertura y ver hacia dónde empiezan a llevarme esas nuevas preguntas.
RD: Si tu obra pudiera sonar mientras alguien la mira, ¿qué canción estaría de fondo?
MK: Probablemente «Cambia, todo cambia», en la versión de Mercedes Sosa. Me interesa esa idea de transformación constante, donde nada permanece fijo. Incluso lo que parece estático también está cambiando, aunque no siempre sea evidente. Es un movimiento natural de las cosas. «Y así como todo cambia, que yo cambie no es
extraño»
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