Desde la palabra literaria a la palabra revelada todo parece indicarnos el regreso a Casa
Compilado por JORGE SAGRERA
En Camus, somos extranjeros porque el mundo es indiferente. En Un curso de milagros, nos sentimos extranjeros porque hemos olvidado quiénes somos. Camus: paz en la finitud. Un curso de milagros: paz en la eternidad.
En El extranjero, de Albert Camus, la extranjería no es una cuestión geográfica sino ontológica. “Hoy, mamá ha muerto. O quizás ayer, no lo sé”. Meursault no pertenece del todo a la sociedad que lo juzga porque no comparte su gramática emocional. No llora cuando debería llorar, no invoca a Dios cuando debería temer, no dramatiza el amor ni la muerte. Su diferencia no es ideológica sino existencial: vive sin mentirse. Y esa honestidad lo convierte en un extraño.
La novela expone una fractura esencial: el ser humano desea sentido, pero el mundo responde con silencio. Ese desajuste es lo que Camus llamará el absurdo. La extranjería, entonces, no es un accidente sino una condición: estamos solos ante un universo indiferente. No hay casa metafísica a la cual regresar. La lucidez consiste en aceptar esa intemperie sin consuelos trascendentes. Al final, Meursault encuentra una forma de paz en la aceptación de “la benigna indiferencia del mundo”. No hay promesa, no hay redención, solo claridad.
Muy distinta —y, sin embargo, curiosamente cercana— es la perspectiva de la ‘Lección 182’ del libro Un curso de milagros (UCDM o el Curso), titulada: “Permaneceré muy quieto por un instante e iré a casa”.
“Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. Y en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamase a regresar, si bien no reconoces la voz, ni lo que ésta te recuerda.
[…]
Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy. Tú eres un extraño aquí, al igual que Él.”
Aquí, la sensación de extranjería no es una condición definitiva sino una ilusión. El mundo es un escenario de separación, un sueño en el que creemos estar lejos de nuestra fuente. “Ir a casa” no implica desplazarse en el espacio, sino recordar la unidad con lo divino. La extranjería no es verdad ontológica, sino error perceptivo.
Donde Camus encuentra el silencio del universo, Un curso de Milagros propone el silencio interior. En El extranjero, el mundo calla y ese mutismo confirma la ausencia de sentido. En la ‘Lección 182’, en cambio, el aquietamiento es método de revelación: en la quietud se descubre que nunca abandonamos el hogar espiritual. El silencio, para Camus, es la prueba del absurdo; para el UCDM, es la puerta de la memoria.
Sin embargo, ambos textos comparten una exigencia radical: desmontar las ficciones. Meursault se niega a fingir emociones socialmente aceptables; la ‘Lección 182’ invita a desmontar las ilusiones del ego. En ambos casos se trata de una purificación: despojarse de lo superpuesto, de lo aprendido, de lo automático. La diferencia está en el horizonte último. Camus propone una ética de la lucidez sin trascendencia; el Curso propone una metafísica de la unidad más allá del mundo.
Podría decirse que Meursault es extranjero porque el mundo no es hogar; el practicante del Curso se siente extranjero porque ha olvidado que el mundo no es su hogar verdadero. Uno acepta la intemperie; el otro despierta del sueño. Y, sin embargo, ambos alcanzan una forma de serenidad: uno en la finitud asumida, el otro en la eternidad recordada.
Tal vez la tensión entre estas dos visiones revele algo más profundo: que la experiencia humana oscila entre sentirse arrojado y sentirse exiliado. Entre no tener casa y no recordar dónde está. Camus nos enseña a habitar el desierto con dignidad; la ‘Lección 182’, a cerrar los ojos y descubrir que el desierto era un espejismo.
Autor
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Jorge Luis Sagrera nació en San Pedro, Buenos Aires, Argentina. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario.
Escribe cuentos, novelas, poesías, guiones de cine, ensayos y géneros periodísticos. Es coaching literario y dicta talleres de escritura creativa desde hace treinta años. Es director del sello Arenz & Antich, Editores, y cofundador de Despunte, una revista digital de Arte y Literatura contemporánea.
Su novela El talón de Esaú, obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, su libro de cuentos, El ojo del ciclón, consiguió una mención en el mismo organismo.
Malvinas 1982-1998, cuyo guion documental escribió, alcanzó el Primer Puesto en la categoría 3 de los Premios ATVC (Asociación Argentina de televisión por cable).
Su libro de poemas Poemas para Loli Dostoievski, ganó el Primer Premio en el IV Certamen Nacional e Internacional Ediciones El Escriba.
La novela Un saltamontes en Katmandú ha sido traducida al inglés (Grasshopping around Kathmandu) y, del mismo género, Regreso a la ca(u)sa del padre, al catalán (Tornada a la ca(u)sa del pare).
Lleva 24 libros publicados.
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