Entrevista a Vicente Battista

Por Jorge Sagrera
"El primer libro que saqué de la biblioteca fue Tito Andrónico. Sabía que Shakespeare era un célebre escritor y me gustó el título. El final, cuando cocinan a la familia y la sirven en el banquete, me pareció apasionante. Luego, las dos bibliotecarias me aconsejaron libros más adecuados a mi edad. Así conocí a Salgari, a Stevenson, a Dickens y a Mark Twain."

Vicente, ¿qué estás escribiendo en este momento?, ¿qué actividades estás desarrollando?

En este momento, más que escribiendo estoy pensando en un libro de cuentos que se llamará Lo que vendrá, con historias distópicas. Coordino un taller de narrativa, vía zoom, en Caracas, Venezuela. Mi última novela, El simulacro de los espejos ganó la XXI edición del Premio Rómulo Gallegos sobre un total de 484 obras de toda Latinoamérica.

 

¿Has reflexionado alguna vez acerca del significado de tu nombre? ¿Quién lo eligió?

Mi segundo nombre, Oscar, que no uso, es el que contiene un enigma: ¿No sé a cuento de qué vino? Ignoro quién lo eligió, no recuerdo que hubiera un solo Oscar en mi familia. Con Vicente no tengo la mínima duda: así se llamaba mi abuelo paterno.

 

Un recuerdo de la niñez…

Unos carnavales, cuando deseaba disfrazarme de El León de Damasco, tal como aparecía en el aviso de Casa Lamota. Mis padres no tenían dinero para comprar ese disfraz, por lo que mi madre pacientemente hizo un traje de pirata. Así fui Sandokán. Mi padre, carpintero, me hizo una cimitarra adecuada. La historia terminó mal, tal como lo relato en mi cuento La Traición de Sandokán.

 

¿Cómo fue tu experiencia de estudiante en la escuela secundaria? ¿Un profesor, una profesora que recuerdes?

Fue más bien corta: abandoné los estudios en mitad del tercer año. Sucede que me había anotado en el Comercial 1, en mi barrio, Barracas, y muy pronto descubrí que ser Perito Mercantil nada tenía que ver con mi proyecto de vida. Era un alumno complicado: en primer año me ubicaron en el Cuadro de Honor; en segundo año estaba cargado de amonestaciones. Recuerdo a una profesora de castellano: Videla Balaguer. En realidad, recuerdo sus piernas. Entraba en el aula vestida de negro, sus medias, que entonces se sujetaban con portaligas, también eran negras. Subía a la tarima, se sentaba y cruzaba las piernas. Nos turnábamos para ocupar la primera fila de pupitres y poder admirarlas.

 

¿Cómo era la relación con la lectura y la escritura en tu familia de origen?

En mi casa el único libro que había era El Libro de Doña Petrona. Por alguna razón que ignoro, me apasionaba leer. A los 11 o 12 años era socio de la Sociedad Luz, una biblioteca socialista (aún existe y aún exhibe un gran retrato de Carlos Marx en el hall de entrada), el primer libro que saqué de la biblioteca fue Tito Andrónico. Sabía que Shakespeare era un célebre escritor y me gustó el título. El final, cuando cocinan a la familia y la sirven en el banquete, me pareció apasionante. Las dos bibliotecarias me aconsejaron libros más adecuados a mi edad. Así conocí a Salgari, a Stevenson, a Dickens, a Mark Twain, después de más de 70 años aún recuerdo momentos de Tom Sawyer, Las aventuras de Huckleberry Finn me sigue pareciendo una de las grandes novelas de todos los tiempos, me avala Hemingway quien dijo que fue el libro que fundó la novelística estadounidense.

 

¿Dónde vacacionaban como familia?

Mi familia no tenía dinero para irse de vacaciones. Conocí el mar a los 18 años.

 

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

Cadete en la Clínica Bazterrica, luego pasé a rayos X y me recibí de Técnico Radiólogo, no porque me interesara esa profesión sino porque sólo se trabajaba 4 horas, por ser un trabajo insalubre. Abandoné la radiología a los 19 años y desde entonces sólo me interesó la literatura. Hice numerosos trabajos para ganarme la vida, pero por encima de todo únicamente me importaba escribir. Cuando regresé de España, en 1984, fui periodista.

 

¿Cómo es la relación con la lectura y la escritura en tu propia familia?

Cuando con mi mujer fuimos a Barcelona, dejé mis libros y mis escritos en la casa de mis padres. Esa casa fue allanada por la marina al comienzo de la dictadura. Supuse que se habían llevado mis libros, eso me angustió. Luego me enteré que no les habían interesado, sólo se quedaron con mis escritos, mis cartas y mis fotos, un modo de la crueldad: me dejaron sin historia. Hoy mi casa está repleta de libros, Gloria, mi esposa, es profesora de inglés y traductora. Mis dos hijas se criaron entre libros, pero nosotros jamás les impusimos la lectura, fueron ellas quienes naturalmente acudieron a ellos.

 

¿Crees que las palabras crean realidad?

Habría que preguntarse qué es la realidad. Sólo depende de quien articula palabras capaces de que aceptemos que Gregorio Samsa amanezca convertido en un gran insecto o que cómodamente nos instalemos en el planeta Marte.

 

¿Cómo se elige un título?

No me es fácil elegir un título, muchos de ellos fueron regalos de mis amigos. 

 

¿Cómo fueron las circunstancias que motivaron la fundación de la revista El escarabajo de oro?

Me incorporé a El Escarabajo de Oro cuando la revista andaba por el cuarto número, por lo que nada puedo decirte de su fundación.

 

Si tuvieses que decir, de tus propios escritos: “Este cuento o novela soy yo”, ¿cuál sería?, ¿por qué?

Para bien o para mal, en todos mis cuentos y en todas mis novelas soy yo.  

 

¿Cuál es el cuento ‘perfecto’? 

Hay varios cuentos perfectos, si tuviera que elegir uno propondría “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar.

 

¿Con qué palabras das inicio a un taller literario?

Anunciándoles que en el taller no aprenderán a escribir, sólo a corregir. En definitiva: escribir es corregir.

 

¿Qué opinás de los Hermanos Marx?

Genios de verdad. Frente a mi escritorio tengo dos fotos. Una es de Mark Twain, la otra es de Groucho Marx.

 

¿Qué opinás del Premio Nobel de literatura?  

Está bien que exista, aunque como cualquier otro premio no garantiza nada. Basta con recordar que, entre otros grandes escritores, ni Tolstoi ni Kafka ni Borges jamás lo obtuvieron.

 

Tu mejor amigo, ¿es escritor?

Por suerte, tengo más de un mejor amigo, no todos son escritores.

 

¿Qué pondrías en tu epitafio?

No se me ocurren epitafios, tal vez: “Prefería vivir en guerra que descansar en paz”.

 

¿Una comida? ¿Preparada por…?

Cualquiera que haga yo, dicen que soy un excelente cocinero. 

 

¿Un juego de mesa?

El póker, hace más de 40 años que semanalmente participo en una mesa.

 

¿Qué significado le das a la palabra “Presente”?

Estar, aunque no esté.

Vicente Battista, Buenos Aires 1940

Escritor y guionista argentino. Nace en Barracas, Buenos Aires.

Su primer libro de cuentos, Los muertos, fue premiado por Casa de las Américas (Cuba) y por el Fondo Nacional de las Artes. Ha publicado seis libros de cuentos: Esta noche reunión en casa, Como tanta gente que anda por ahí, El final de la calle, con el que obtuvo el Primer Premio Municipal de Literatura, El mundo de los otros, La huella del crimen y Días como sombras.

Tiene seis novelas editadas: El libro de todos los engaños, Siroco, Sucesos Argentinos, con la que ganó el Premio Planeta de Argentina, Gutiérrez a secas, Cuaderno del Ausente, Ojos que no ven y El simulacro de los espejos. Dos libros de ensayos: Walsh 1957, Acerca de Operación Masacre y Enlaces y cabos sueltos. Parte de su obra fue traducida al italiano, Editorial Voland, y al francés: Editorial Le Mascaret y Gallimard Editores.

En 1995 recibió el Premio Planeta de Argentina por un jurado integrado por Abelardo CastilloAntonio Dal MasettoJosé Pablo Feinmann y Juan Forn.

Autor

  • Jorge Luis Sagrera nació en San Pedro, Buenos Aires, Argentina. Es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario.

    Escribe cuentos, novelas, poesías, guiones de cine, ensayos y géneros periodísticos. Es coaching literario y dicta talleres de escritura creativa desde hace treinta años. Es director del sello Arenz & Antich, Editores, y cofundador de Despunte, una revista digital de Arte y Literatura contemporánea.

     

    Su novela El talón de Esaú, obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, su libro de cuentos, El ojo del ciclón, consiguió una mención en el mismo organismo.

    Malvinas 1982-1998, cuyo guion documental escribió, alcanzó el Primer Puesto en la categoría 3 de los Premios ATVC (Asociación Argentina de televisión por cable).

    Su libro de poemas Poemas para Loli Dostoievski, ganó el Primer Premio en el IV Certamen Nacional e Internacional Ediciones El Escriba.

    La novela Un saltamontes en Katmandú ha sido traducida al inglés (Grasshopping around Kathmandu) y, del mismo género, Regreso a la ca(u)sa del padre, al catalán (Tornada a la ca(u)sa del pare).

    Lleva 24 libros publicados.

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