Euphoria, The End

Por Revista Despunte
Euphoria no terminó, se estrelló contra nosotros.
@Cartel promocional de EUPHORIA. 2026
Con Zendaya, Jacob Elordy, Sydney Sweeny, Hunter Schafer, Alexa Demie, Maude Apatow

La muerte de Rue Bennett por una sobredosis accidental de fentanilo no es solo un giro cruel de guión. Es una cachetada. Una de esas que no buscan despertarte con ternura, sino dejarte la marca de cinco dedos en la cara. Sam Levinson eligió que Rue no sobreviviera porque, según ha explicado, una redención limpia habría traicionado el corazón oscuro de la serie: «la adicción no siempre concede segundas temporadas».

Y ahí está Zendaya, brutal y luminosa, sosteniendo a Rue como quien sostiene un animal herido. Rue era heavy, sí. Mentía, robaba, desaparecía dentro de sí misma, convertía el amor de los demás en campo de minas. Pero también era dulce. Terriblemente dulce. Esa era la trampa emocional del personaje; verla destruirse no daba rabia solamente, daba ganas de meter la mano en la pantalla y sacarla de ahí antes de que el mundo se la tragara.

Euphoria, como Rue, siempre fue heavy. Una serie del siglo XXI no solo por sus brillos de neón, sus párpados con purpurina o sus fiestas filmadas como ataques de ansiedad. Lo fue porque entendió algo que muchas ficciones todavía maquillan: crecer hoy puede parecer una notificación que no se apaga nunca. Sexo, drogas, violencia, deseo, exposición, trauma, pantallas, cuerpos convertidos en escaparate, tristeza convertida en estética. Todo sucede al mismo tiempo. Todo exige una respuesta inmediata. Todo arde.

Euphoria no es una serie “sobre adolescentes”. Es una vorágine. Y esa vorágine explica mucho de lo que los adultos llaman, con pereza, “juventud perdida”. No es que los jóvenes sean más salvajes porque sí. Es que el mundo les entrega un cóctel explosivo y luego se sorprende cuando explotan. Euphoria exagera, claro, pero exagera como exagera una pesadilla, deformando la realidad para decir una verdad.

La muerte del actor Angus Cloud en 2023, intérprete de Fezco, vuelve el final todavía más triste. El cierre de la serie ha sido leído también como un eco de esa pérdida y como un homenaje a quienes no pudieron salir del pozo de la adicción. Fezco y Rue eran, cada uno a su manera, dos criaturas demasiado blandas para un mundo demasiado afilado.

Lo más incómodo del final es que no nos deja consuelo. No hay epifanía, no hay abrazo final, no hay canción bonita salvándolo todo. Hay una pastilla adulterada, un cuerpo que no despierta y una pregunta imposible: ¿cuántas Rues reales hemos aprendido a mirar solo cuando ya es tarde?

Euphoria se despide como vivió; excesiva, preciosa, insoportable. Una serie con la cara llena de glitter y las venas abiertas. Y Rue Bennett queda ahí, flotando entre la dulzura y el desastre, como el símbolo de una generación que no pide permiso para doler, pero tampoco sabe siempre cómo sobrevivir.

@HBO. Video promocional Tempora 3, Euphoria 2026

Autor

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