JULIA SAN MARTÍN:
"El arte es un estado mental"
Por MARISA DE MARTINI
Julia San Martín casi no parpadea cuando habla. Mira hacia arriba, sin mirar, como si arriba pudiera encontrar la palabra concreta, la luz sobre una idea, algo. Una búsqueda en todo caso innecesaria, porque tiene muy claras las palabras y las ideas.
Julia San Martin fotografiada en 2016.
Esta es una conversación online, con ella en Nueva York, sabiendo que en algunos meses estará de vuelta en Chillán, su lugar de nacimiento y donde vive su madre de 89 años. “Estoy cuidando a mi mamá, no me puedo ausentar mucho”, dice para explicar por qué en los últimos años sus estadas chilenas son más frecuentes y más largas.
En Chillán –ciudad de fríos y calores extremos, 400 kilómetros al sur de Santiago de Chile, la capital– hará el próximo año una performance. No da muchos detalles. Al contrario, juega con el silencio y el suspenso que durarán hasta enero, mes previsto para la presentación de la obra. Sí adelanta un dato clave: la temática será chilena, “más bien chillaneja”, anunciando un giro diferente respecto de las últimas obras.
Quizás es un error hablar de “las últimas obras” de Julia San Martín, quien dice tener más de mil piezas y que trabaja todos los días, todo el tiempo.
-«Como disciplina, voy todos los días al taller. Todos los días tengo a mano mi block. Siempre estoy pensando, estoy buscando».
Si pudiera preguntar desde cuándo eres artista, ¿qué responderías?
Que desde siempre.
Son 62 años de arte, entonces. En formatos diversos –pintura, instalación, video, performance, fotografía–, en lugares diferentes –Santiago, Chillán, Nueva York– y obviamente también en temáticas variadas –el contexto social, el feminismo, la política y su biografía–.
¿Hay algún día en que no pienses como artista?
No. Para mí el arte es un estado mental. Siempre estoy pensando en el arte. Si salgo a caminar, estoy viendo el arte. Si estoy viendo el mar, veo los colores. Y en mis sueños también hago arte.
¿Cómo describes tu trabajo?
Yo divido siempre mi pintura en serie, por eso siempre la presento en ese formato, en series. En forma general, podría decir que voy con y en contra de todas las líneas de la pintura. Voy en contra de la ley, o de los temas impuestos en el arte, o de aquellos que imponen los poderes.
Una forma de hacer política.
Sí, hago mucha política en el arte, pero de una forma no tan obvia, lo que requiere de más cultura para su comprensión. Lo hago con más inteligencia, con más estrategia.
“Diálogos” fue su última exposición en Chile, en Santiago (2019), con una variación de lo que expuso en Nueva York dos años antes, bajo la curatoría de Raúl Zamudio Taylor. Las 34 obras de esa muestra son parte de ese arte inteligente y estratégico del que habla y abordan la relación entre Chile y Estados Unidos, sus dos lugares, sus dos hogares. Y lo que muestran, cómo no, es violencia.
“White Power, (September 11, 1973 – 2001)” son golpes políticos y también vivenciales para ti. ¿Qué más representa esta obra?
Es una obra llena de símbolos. Hay dos gusanos que se tragan una serpiente blanca, que es el capitalismo. La mezclilla azul es la clase trabajadora. El arte de hoy son puros símbolos. Mi obra entera es más bien mental. Tiene un poco de intuición y es visceral quizás en la forma como la realizo, en el trazo más bien grueso, pero es mental. Yo puedo pintar de diferentes formas. Pero hay algunas que obviamente me identifican. Tengo mi marca ya en pintura y me interesa mucho que se note esa marca.
¿Cómo podrías definir esa marca?
A mí me gusta un arte que se pregunte. No me gusta vender el arte. Si puede ser bonito para alguien es pura coincidencia, porque no está hecho como decoración. Un brochazo no tiene por qué ser “bonito”, porque sale de la forma que lo siento, porque el brochazo tiene que sentirlo uno.
Gatos, fantasmas y otros animales
Allegro,
óleo sobre lona, 220 x 250 cm, 2016
Viendo tu obra, da la impresión de que eres como una gata.
Se sorprende primero y largos, muy largos segundos después, por fin se ríe. Pero dice que su obra no es gatuna, ni felina, ni que viene de recuerdos de la infancia. Sí le han gustado siempre los gatos, “desde los tres años”. Y sí hizo una obra, una performance, en que ponía pintura en sus pies y manos y lanzaba arañazos y zarpazos de óleo sobre la tela.
Pero la razón más profunda de la presencia gatuna en sus series es otra:
-La historia del arte está muy ligada a los animales. El año 2016 empecé a pensar por qué hay tanto arte vinculado a la imagen del caballo, o de las aves, o de la serpiente, y empecé a buscar qué otro animal, en términos metafóricos, podría tener una vida más duradera en la historia del arte. ¡El gato! El gato con sus siete vidas. Y comencé a trabajarlo como metáfora, y como comedia también, que es algo muy propio de mi obra.
Como el gato dirigiendo un coro de fantasmas (“Allegro”, 2016).
El gato negro es como el gato de la buena suerte y los trapos, o los fantasmas, son todo el resto, los que nos regimos por algo. Los trapos somos todos nosotros, que debemos ser dirigidos por alguien. Esta obra es una comedia, la comedia de mostrar a los seres humanos como trapos y a un animal, un gato, con más fuerza e importancia que ellos.
En la serie “Karaoke”, ¿sigues haciendo comedia?
Claro, sigue siendo comedia, aunque sea un animal con un cuerpo de mujer y aunque sea un cuerpo que puede verse de forma mucho más dramática… En la historia del arte siempre se ha pintado a la mujer como el hombre la ve, bonita, voluptuosa, pero yo pinto a la mujer desde el cuerpo político, desde el punto de vista de cómo se siente la propia mujer.
Ese cuerpo desgarrado de “Karaoke”, ¿se puede ler como una autobiografía?
Es un autorretrato, obviamente, porque yo en ese momento me sentía así. Además, yo encuentro que las mujeres sentimos todo con mucha más fuerza. Entonces, si yo siento un dolor, ese dolor está en las manos cortadas y en la cabeza cortada también.
El dolor está en la mujer que ha perdido la cabeza
I Lost my Mind,
óleo sobre fotografía, 90 x 118 cm, 2012
En “Lost My Mind” (2012), hay un cuerpo arrodillado, una cabeza que mira por encima.
Soy yo, soy yo. Es un trabajo muy personal. Quise hacer una obra desde adentro, desde el sentimiento de la mujer cuando se dice “perdí la cabeza haciendo esto”. También tengo obras con dos cabezas, que soy yo cuando me dicen que voy para allá pero en realidad voy justamente para el otro lado.
¿Hay algún silencio en tu obra? ¿Hay algo que tu obra no pueda describir?
Yo creo que antes era así. Tengo una serie titulada “Un silencio liso” y una exposición incluso se llamó así. Había cosas que no podía decir y que estaban ahí. Mi obra primera se llamaba “Régimen blando”, porque vivíamos en un régimen duro, un régimen militar, y además yo estaba enferma de úlcera y hacía una dieta de régimen blando.
Formas diferentes de expresar las cosas…
Claro. Y si me preguntas por silencios, te diría que no. Yo me siento libre de decir lo que quiero decir. Incluso tengo muchas obras que no he mostrado y que quizás no pueda mostrar en algún tiempo aquí, en Estados Unidos. Aquí ya están censurando cosas.
¿Y temes que te puedan censurar?
Es que una trabaja con curadores, con galerías. Y, por ejemplo, hay muchas galerías aquí que están cerrando. Es como lo que pasó en Chile en los setenta. Yo estaba feliz de pertenecer acá y de que nunca iba a vivir nuevamente la censura y por eso lo que está pasando es muy fuerte.
¿Tú sientes hoy que tienes más libertad en Chile que en Estados Unidos?
Sí, sin duda, en este momento sí. Hoy es al revés de lo que vivimos en Chile en dictadura.
Julia San Martín se queda en silencio, como dimensionando lo que acaba de decir, eso que hasta hace poco parecía absurdo e impensable. Luego mira fijo a la pantalla, parpadea, y dice: “Bueno, así es la vida…”.
Julia
San Martín (Chillán, 1964)
Artista visual. Vive y trabaja entre las ciudades de Chillán y Nueva York. Estudió Licenciatura en Artes con mención en Pintura en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, y tomó talleres libres en el Círculo Bellas Artes de España. En Chile ha exhibido su obra en diferentes espacios, como el Museo de Artes Visuales, la Galería Gabriela Mistral y el Museo Nacional de Bellas Artes. En Nueva York ha expuesto en espacios como El Museo del Barrio, Exit Art, WhiteBox, Y Gallery y Ethan Cohen Gallery. También ha participado en bienales y exposiciones en diferentes países, como México, Italia, España, Canadá, Bulgaria, Argentina, Australia y Colombia. En 2018 recibió el premio “Gabriela Mistral, Julia de Burgos, Frida Kalho” de Mujeres Latinoamericanas destacadas en Nueva York.
Autor
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Marisa De Martini (Santiago, Chile, 1964) es periodista y editora. Ha trabajado en los más importantes diarios y revistas de su país y ha sido académica en varias universidades. Sus áreas de práctica periodística partieron en la política y continuaron después en la ciencia y luego en la comunicación estratégica. En los últimos años ha explorado con mucho interés el periodismo cultural.
