Cinco poemas

por RUBÉN Gil Quiñónez

TE JACTAS DE BADAJO CUANDO CITAS

Te jactas de badajo cuando citas,
y laxo la retumbas donde masca;
algunas dánse cuenta que no casca
ni campanilla, pápulas o cuitas.

Cavila… : raspas, pules y crepitas,
y tu badajo, sí, se te emborrasca;
olvida, ya, la cita vuelta basca
mejor recoge chones y levitas.

En esta vida nada nos comprueba
que el badajo estará siempre tirante:
de vez en cuando flecha, otras, ameba;

la cosa, hermano mío, no es aguante,
sino ser intachable con la gleba;
y, así, te irás dichoso y tan campante.

LA ROSA, SATISFECHA Y TAN VIVAZ

La rosa, satisfecha y tan vivaz,
no sin el tiempo existe, se acrecienta;
del agua poca savia coge y, lenta
se atraca, nos prescinde, ya mordaz.

Nada frena sus ínfulas: la paz
del vaso que la encierra, la patenta;
el celo por su tallo, la revienta
y trueca todo afán en cosa agraz.

El dolor que conceden sus espinas,
infinitas a veces, nos disuade
de tocarlas seguros; mas sin daño

tocamos su corola (dulces minas)
revelando que el Tiempo nada evade:
ni plegarias, nociones, muerte o engaño.

DAFNE CON FRENESÍ DE CIERVO, ESCAPA

Dafne con frenesí de ciervo, escapa
de Apolo, que, lascivo y amartelado,
la acosa, hostiga: pobre dios cegado,
tan pronto Apolo triunfa, Dafne rapa

su pinta y convertida en la zurrapa
de lo que fue (ya ninfa, ora brotado)
evita Dafne, así, el arco bragado
del dios-poeta… Aquélla, firme y lapa

en la arcilla; y éste, Apolo, irreflexivo…
“¿Qué fue de ti, mi ninfa!”, -grita triste-
(Céfiro viene y va: nadie responde).

En el pecho del dios, el gozo vivo
fenece, no retoña; no desviste,
jamás, a Dafne, ninfa de la fronde.

ERES UN JURAMENTO ALREVESADO

Eres un juramento alrevesado;
un fragmento de astilla y treponema;
una roca mullida, clara y yema;
eres adverbio dulce, aunque callado.

En mí te adentras basto y calculado;
y te resuelves presto, ¿cuál problema?;
de esta suerte, me tragas, ya anatema,
dejando en lontananza trigo y fado…

Di, acaso, una mentira: parte, injusto;
y cuando vuelvas, vuelve, sí, despojos;
yo no te esperaré, serás arbusto,

mandrágora, violeta, meros piojos
que con cuña entresaco, y si no, incrusto;
o quítome la barba o los dos ojos.

MANOS NEVADAS, TERSAS, BONDADOSAS

Manos nevadas , tersas, bondadosas;
exquisitas, a veces, y otras, secas…
En las noches, se vuelven almas cluecas;
en el día, redactan versos, glosas.

Me acarician el pelo, algo callosas,
y me desvisten fieramente chuecas…
La luna en la ventana: guiños, muecas
mézclense con gemidos y mimosas.

¿Para qué existes, día, sin sus manos?
¿A qué sabrás, ocaso, si no escribo?
¿Qué buscaré en la noche? ¿Cantos vanos?

Guiños, glosas, gemidos y un estribo
para apear los vicios, ya anglicanos,
que me eclipsan, sin fin, y no prohíbo.

Autor

  • Ruben Gil Quiñónez

    Rubén Gil Quiñónez (Guadalajara, Jalisco, México, 1972) estudió la carrera de Filosofía y se ha desempeñado como poeta y traductor. Ha sido colaborador de diversas publicaciones (Luvina, El Rizo Robado, Letralia, La Tempestad, Letras Libres) y y trabajado como guionista, editor y auxiliar de investigación. Ha publicado anteriormente cinco libros: Pasajes al laberinto, Sórdido paso, El furor, La danza y Alma verde.

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